Pasan los meses y esto no tiene atisbo de arreglarse, sino de empeorar. La política es quizás la única actividad humana en que el límite para lo posible es tan elástico como el infinito. Parecía que los cimientos consistoriales iban a colapsarse con tantos seísmos internos y externos. “Esto va a reventar”, decían, y, sin embargo, la vida sigue igual. Tan es así que lo escrito hace meses casi podría encajar todavía. Mucho barullo, pero pocos cambios.
Es cierto que la señora que equivocadamente auparon a la alcaldía ha perdido apoyos en su grupo, porque antes ganaba 6 a 4 y ahora está 4 a 6, incluso en ocasiones 3 a 7, cuando ese concejal que pretende ejercer de su propio nombre cae en la cuenta que quien lo apadrinó políticamente aún podría ganar la partida en el PSOE, pero los contendientes han preferido no escenificar demasiado la guerra que mantienen y ahora se tiran pedradas en la distancia, a ser posible por manos ajenas.
Como en cualquier conflicto bélico, también han tenido su papel los agentes dobles, que no se sabe de qué lado están y juegan a pescar en río revuelto mientras incrementan sus ganancias. Muy significativos esos documentos sobre un acuerdo con constructoras poniendo como carnada el recinto ferial. Mire usted por dónde, los buscaban afanosamente los andalucistas hace mucho, pero les llegaron cuando les tenía que llegar. El tema fue el punto estrella de un pleno reciente donde la alcaldesa, fiel a su norma -es incapaz de debatir, tan acostumbrada a imponer- dio la callada por respuesta, esta vez por obvias razones, y le pasó la bola al portavoz socialista.
Le faltó tiempo a ese concejal que dice querer salvar el pueblo para llamar a su antiguo jefe y amigo y comentarle lo bien que estuvo Pecino.
A Jorge Romero, salvo piques motivados por el calor del debate, no le preocupa lo bien o mal que puedan quedar los que se sientan enfrente, la desertora de las aulas le está haciendo la mejor campaña de su vida. Tan buena que el líder del PA sólo tiene que ir recogiendo los descontentos que ella va dejando a su risueño paso.
Después de tantos años de opositor sin ganar ni una votación, con Geli la obtuvo y está haciendo la campaña más efectiva y barata de la historia del PA en la Villa. Estaría bien saber dónde aprendió la alcaldesa a moverse en política, sobre todo para no ir. También es verdad que si como profesora siembra dudas sobre su capacidad, como alumna las despeja definitivamente: es malísima.
Su gestión tiene como principal apoyo la imagen que proyecta por medio de un diario con el que ha suscrito un pingüe contrato publicitario -para el periódico, claro-, pero como sigue sembrando vientos y recogiendo tempestades, la única opción es que sus enemigos de partido tengan peor prensa. A tal efecto, es conmovedor comprobar que cierto estirado intenta resarcirse de sus años perdidos, cuando lo más enjundioso que escribió fue sobre el carnaval, y ahora postula para investigador.
Los proveedores y los propios trabajadores se pellizcan por si todo es un mal sueño. Es difícil creer que quien debe administrar un ayuntamiento con su economía quebrada, con conciertos de pitos y tambores cada mes en su puerta a cargo de los sindicatos, además de no haber tomado ninguna medida para reconducir la situación, o al menos para no aumentar las deudas, padezca el síndrome de “Reina por un día”, aquel añejo programa de TVE en que se obsequiaba a las elegidas con todo lo imaginable. Esta sigue subida a un guindo, pero se caerá.
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