Fuenteovejuna

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 Los dictadores duran lo que les permite el pueblo, pero el regalo que dejó Alonso Rojas será difícil que alcance la fecha del próximo plebiscito para conocer qué opinan de ella sus vecinos.

No es de izquierdas ni de derechas. Algunos dicen que encaja mejor en IU que en el PSOE. Nada de eso, Ángeles Ariza es de ella misma, con toda la carga de culpabilidad que conlleva por las cosas que está haciendo.

No podrá escudarse en los asesores, seres que le son válidos, aunque íntimamente cree que no le alcanzan la talla en su particular corte celestial. Se cree imbuida del don del acierto incontestable y por eso no escucha más allá de los halagos y del rozar de los pelillos del pecho de aquellos que se arrastran a su alrededor.

Se sostiene todavía porque quien le cedió el sillón se niega a reconocer que se equivocó y que no cabe otra alternativa que hacer borrón y cuenta nueva, con todas sus consecuencias, aunque en política ese es un término indefinido que incluso puede significar ‘te mato para no morir yo’, figuradamente se entiende.

Ha producido tal hartazgo en tan poco tiempo, que en los trabajadores, siempre el eslabón más débil y sufrido, del temor que inicialmente causaba sólo pronunciar su nombre se está pasando al cabreo, prueba de ello es la denuncia particular a la Inspección de Trabajo por alguien de Iniciativas Los Barrios, señalando prestamismo laboral, pero la causa real no es este hecho, que ya se producía a mansalva con el anterior alcalde, sino las maneras fascistoides de la alcaldesa y la opresión feudal que ejerce sobre los currelantes, como diría Carlos Cano.

Lo lamentable es que los damnificados no son ninguno de los que siguen cobrando por no trabajar, o que perciben demasiado para lo poco que aportan. A estos también quiso despedirlos, pero haciendo tabla rasa y proponiendo despidos disciplinarios para unos ochenta, un saco en el que entraban pecadores y también justos. Además, el método no lo hubiese admitido ningún juez sin pruebas evidentes.

Están redactados al menos veinte preavisos de despido, así que el mecanismo tira p’alante de la murga es contraatacar con todo lo que tiene. La alcaldesa se abre ahora otro frente, además del político, pues la verdadera oposición la tiene en el partido que está usando para gobernar.

Y a eso voy. Ya no son tres los disidentes, el número se está ampliando. El concejal de IU mantiene una actitud de suma prudencia en esa guerra civil, porque el pacto lo ha hecho con el PSOE, no con Ángeles Ariza, pero ¿cuál es el PSOE? O mejor dicho, ¿en qué bando va a estar el PSOE?

¿Y hasta cuando aguantará el tipo el secretario local? Porque a su pupila no la quiere nadie y si todavía mantiene cierto apoyo de varios ediles socialistas es por el escudo que le brinda Alonso Rojas a la alcaldesa. Hasta que también empiecen a caerle bolaños al ex alcalde.

Ángeles Ariza está demasiado subida y posee excesiva soberbia como para quedarse de florero en la alcaldía, mientras el resto gobierna por ella. Todavía es posible un hipotético acuerdo. O sea, que otorgue delegaciones a quienes se quedaron sin ella. Supondría la enésima marcha atrás y que su orgullo quedase tocado. Y en el improbable caso de que así fuese ¿quién se fía de ella y garantiza la estabilidad?

Las voces más agitadas reclaman la disolución de la agrupación de Los Barrios y la creación de una gestora. No sería complicado si la irritación lleva a varios cargos orgánicos, que también son concejales, a presentar la dimisión en la ejecutiva local. Geli se quedaría sin protector y a merced de sus enemigos.

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