30 aniversario de la inauguración de la Residencia de Ancianos San Ramón

Historia de la Residencia de Ancianos San Ramón

Puede decirse que la historia de la Residencia de Ancianos San Ramón de Los Barrios siembra su semilla a principios de los años 70. Por aquel entonces, la actividad laboral de Ángel Salazar Fuentes (empleado de la Caja de Ahorros de Jerez), le lleva a tratar bastante con los pensionistas del municipio. Era la única caja de ahorros en la población, todos los jubilados cobraban a través de la misma y por tanto el contacto era frecuente con cada uno de ellos.

Esa cercanía le hace conocedor de las dificultades que algunos padecen, sobre todo aquellos sin descendencia y con pocos recursos sumidos en la precariedad y la más absoluta de las soledades. Tanto es así, que conoce de primera mano como el pajar de la Huerta Tambores se convierte muchas noches en lugar de cobijo para algunos de ellos.

Las nociones de estas realidades empiezan a preocuparle y propone al entonces párroco Padre Félix Tamayo alquilar una vivienda (en aquella época el alquiler costaba unas 300 ptas.) que está dispuesto él mismo a costear. Pero el sacerdote no ve clara su propuesta, ya que para este tipo de atenciones no sólo bastaba alquilar una vivienda, sino que era necesaria incluir una atención completa como comida, ropa, etc.
La idea es desestimada por su complejidad, pero la inquietud no sólo no la abandona, sino que la comparte con su hermano Jesús, que de inmediato se hace partícipe de ella. Pasó el tiempo y cuando este empezó a construir la urbanización de Santa Rosa barajaron la posibilidad de levantar el Asilo junto al Colegio San Ramón, pero se dieron una serie de situaciones contrarias que hicieron de nuevo imposible llevarla a cabo.

Años posteriores supieron que vendían el edificio fábrica de harinas ubicado entre las calles Huertas y Alhóndiga. Les gustó su emplazamiento, cerca del centro del pueblo, junto a la casa de las monjas, la Parroquia, el Paseo de la Constitución y la parada de autobuses.

El precio de venta era de 3.000.000 ptas., que consideraban no era caro. En aquellos tiempos, ejercía en Los Barrios el Padre José María Alcedo, al cual le comentaron la idea, pareciéndole estupenda y animándoles a la compra. Como había otros compradores interesados lo urgente era dar una entrada para asegurarla, y entre el cura y ellos dos asumieron las 500.000 ptas. de la misma, que entregaron a José Álvarez Gómez, el 10/9/1979. La intención primera -una vez adquirieran el inmueble- era realizarle una adaptación y empezar inmediatamente con la actividad.

Considerando que existía la Fundación benéfico-particular “Ramón Díaz de Bustamante”, de origen barreño que atendiendo a su testamento había mantenido el Colegio de las Monjas y posteriormente adquirido los terrenos para el Colegio Público San Ramón, pensaron que este proyecto encajaba perfectamente en los fines fundacionales de la misma.

Contactaron para ello con Julio Ramos Díaz, abogado de la Diputación, asesor del Obispado y también secretario del Patronato y solicitaron a Antonio Dorado Soto (obispo y entonces Presidente de la Fundación) que fuera esta quien aportara el importe para la compra del edificio, que con algunas reformas y ampliación serviría tanto para la instalación de los ancianos como de las monjas, que bien merecida tenían el que se le ofreciera una casa digna donde continuaran con su encomiable labor, ya que hasta entonces y por diversas circunstancias desde que llegaron a Los Barrios -allá por 1947- tuvieron que vivir en varias casas con muchas carencias. Ni que decir tiene que la Congregación Franciscana del Rebaño de María en su totalidad acogería con alegría este propósito, siendo Sor Rosario y Sor María José grandes valedoras del mismo.

Aprovechando visitas del Sr. Obispo una vez a Algeciras y otra a La Línea, los hermanos Jesús y Ángel les expusieron su idea. Si bien al principio era reacio, siguieron insistiendo y planteándoles formas y medios con los que contarían para su construcción y finalmente accedió. Incluso una vez dado el visto bueno, fue quien aconsejó derribar el edificio y construir uno nuevo con perspectiva de futuro como finalmente se consiguió.

Adquirido el inmueble por parte de la Fundación se encontraron con la existencia de un inquilino con problemas con el anterior dueño y posteriormente apareció una parte de la finca gravada con una hipoteca. Esto llevó mucho tiempo solucionarlo y dio lugar a muchas gestiones, para lo cual se contó con la inestimable ayuda que prestó el abogado José Domínguez Rivera.

El proyecto de la obra se le encargó al arquitecto municipal José Luis Mier Enrique, que lo acogió desde un principio con gran agrado y cariño, cuidando y estudiando cada parte del edificio. Acabado el mismo solicitaron una subvención al Ministerio de Asuntos Sociales en Madrid, pero justo en aquellas fechas coincidió que transferían las competencias a la Junta de Andalucía, lo cual se convertiría en un calvario de gestiones y promesas que no dieron resultado, con lo que se perdieron varios años.

Sumidos en el estancamiento burocrático decidieron enviar un escrito al Ayuntamiento solicitando que intercediera en la tramitación. La Corporación recibió muy bien la idea, aprobando por unanimidad la solicitud y consiguiendo poner en marcha la obra, en principio con una subvención del INEM de 5.000.000 ptas. y otra de Diputación de 25.000.000 ptas.

Durante todo este tiempo se pusieron en marcha muchas actividades benéficas con el fin de recaudar fondos: rifas, espectáculos taurinos, partidos de fútbol… donde toda la población participó de modo particular o a través de los diferentes colectivos y asociaciones locales que se volcaron con las diferentes iniciativas a favor de la construcción de la Residencia. Muy recordada fue la especie de tómbola que se montó en la feria de 1980, en la que la gente compraba de forma simbólica ladrillos y los regalaba para la obra. Se recibió en definitiva mucho respaldo, con lo que se lograron obtener bastantes aportaciones para hierro y materiales.

En el año 1982 Clemente y Carmín efectúan la demolición del edificio y el 16 de julio de 1985, el arquitecto José Luis Mier, auxiliado por Jesús Salazar y Antonio Álvarez, hacen el replanteo de la obra poniendo las primeras estacas del vaciado del terreno. Se incorporó posteriormente a la dirección de la misma el arquitecto técnico Antonio Olid, y en su última fase Alfonso Baspino, todos ellos de forma desinteresada.

En este periodo de tiempo se sustituyó al párroco, llegando el Padre Dámaso, el cual desde un principio se convirtió en un ferviente entusiasta de esta iniciativa, animando a todo el mundo para que colaborara.

Para la estructura de hormigón se contrató a la empresa de José Hernández (El Pinchi), posteriormente se hizo cargo Francisco González Rodríguez, que realizó el cerramiento y tabiquería, después hubo una tercera etapa de terminación que la realizó la empresa Carmín.

Después de múltiples peripecias y gestiones de todo tipo -sobre todo económicas-, se pudo terminar la obra en el año 1991.

Para ello, aparte del gran apoyo popular, habría que destacar la donación de todos los alicatados que realizó Fernando Alpresa de la empresa Aldía, así como de toda la solería del edificio más un terreno donde se ubica actualmente el jardín que donó Jesús Salazar Fuentes.

Empresas como Dragados y Construcciones, Abengoa, Continente, Sevillana, Hormisur, Cerámica de Cervera cobraban con descuento gracias a las gestiones del entonces alcalde Miguel Domínguez Conejo.

Ese mismo año de 1991, a principios del mes de abril, la Residencia de Ancianos fue por fin inaugurada e inmediatamente comenzó a funcionar como tal.

Si la fe obra milagros esta historia sin duda fue uno de ellos. Aquella semilla de principios de los años 70, no sólo germinó, sino que creció y dio sus frutos. Hoy día -treinta años después-, con raíces bien asentadas en la tierra que la vio nacer, soporta las adversidades que llegan disfrazadas de frio invierno, supera las caídas otoñales, da sombra veraniega a aquellos que menos recursos tienen y celebra primaveras con la misma ilusión con la que fue sembrada. Ojalá otros treinta años venideros robustezcan aún más si cabe el proyecto social por el que en su día tantos vecinos depositaron su granito de arena… historia noble de Los Barrios, episodio entrañable y solidario de toda una sociedad que propició que la Residencia de Ancianos San Ramón no fuera de nadie en concreto y de todos al mismo tiempo.

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