La casta se da a la reflexión

En otra tarde de crisis ganadera y en el epílogo de la corrida, como ya es tradición, Matías Tejela le ha cortado la oreja al sexto, lidiado como sobrero, un animal manso, peligroso y exigente de Fuente Ymbro, al que el madrileño le plantó cara con firmeza, valor y momentos de buen toreo. Los toros gaditanos de Ricardo Gallardo, mansos, complicados y parados en las faenas de muleta, marcaron la tarde. Ni Antonio Ferrera ni Salvador Vega tuvieron opciones de triunfo

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TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Fuente Ymbro, hierro que debutaba en Feria. Desiguales de presentación, descastados y parados. El tercero fue noble, con clase pero rajado al final. El sexto -un sobrero del mismo hierro- exigente y complicado.

ESPADAS: -Antonio Ferrera, de negro y oro, silencio y silencio.

-Salvador Vega, de blanco y plata, silencio y silencio.

-Matías Tejela, de azul marino y oro, saludos tras aviso y una oreja.

INCIDENCIAS: Casi lleno. Antonio Ferrera brindó al cielo en memoria de Manolo Montoliú, muerto en esta plaza tal dia como hoy en 1992.

Manuel Viera.-

Matías Tejela dictó ante el sexto, lidiado como sobrero, una faena quizás poco ambiciosa aunque medida, con calidad en algunos momentos, con valor y muy consciente de lo que se jugaba con el serio, complicado y exigente toro de Fuente Ymbro. Las formas del madrileño se alejaron de toda simulación banal para plantarle cara a las peligrosas e inciertas embestidas de un toro manso al que había que poderle. Y en el fondo tuvo sus razones, para intentar con la zurda la que ya había hecho con la derecha, aunque la complicada fiera se le fuese al cuello, con peligro evidente de la cornada, tras dos naturales que definieron su emotivo toreo trazado con valor y compostura. Antes, las series diestras alcanzaron altura cuando Tejela decidió con mayor firmeza y mejor toreo bajar la mano, dejar la tela para provocar la embestida al finalizar cada trazo, e hilar los largos pases hasta aplacar el genio del complicado animal. El dominio técnico y la elegancia de un toreo que se antojaba perdido en la tarde, se unieron para lograr un trasteo de ganas y poder, no exento de calidad, con trazos precisos, hondos, ligados, a veces inspirado, hasta ofrecer una interesante faena en la que le faltó ambición y a la que supo poner rúbrica con un certero espadazo. Una oreja paseó el madrileño en el último minuto -así sucedió ayer y anteayer- de una nueva tarde desesperante por la poca raza y flojo juego de los toros de Ricardo Gallardo.

El caso fue que el madrileño toreó con convicción y encanto salvando ‘in extremis’ otra mala tarde de toros, y haciendo más llevadero el disgusto y la preocupación que seguro ha de tener el ganadero debutante. Y es que ante la decadencia del toro en esta Feria, la casta de nuevo se da a la reflexión.

Tejela se las prometía felices con el anovillado tercero, noble y con un buen tranco en la muleta, cuando a mitad de faena dijo no embestir más para buscar el amparo de las tablas. Así que la faena quedó incompleta tras la muestra de un toreo a derecha de mano baja, lento, largo y ligado. Incluso el natural tuvo su protagonismo segundos antes de que el rajado animal dijera basta. Una media estocada dio paso a la ovación de agradecimiento por el intento.

Antonio Ferrera banderilleó pero esta vez no toreó. Con ambos toros se mostró igual. Los pares de banderillas impresionantes, capaz de reunir por sí solos toda la capacidad física y el valor de este otro especialista en la suerte. Recortes en la cara del toro, espectaculares saltos, y sobre todo el valor al clavar por los adentros en clara demostración de poderío y verdad. Después, las faenas estuvieron marcadas por la decadencia de las embestidas. El primero, pronto ante el cite, le obligó a esbozar el natural antes del brindis al cielo. Emotivo momento que me hizo viajar en el tiempo a otra tarde, a otro torero, entonces novillero, sevillano de Utrera. Después la evidente falta de casta le hizo abreviar y matar. Al manso cuarto no hubo forma de darle un solo pase.

Y sin opciones de triunfo se quedó también Salvador Vega. Unas desajustadas chicuelinas es lo único que se recuerda de su quehacer con el manso segundo. Y con el flojo quinto, un animal chico y sin clase en sus medias embestidas, el malagueño se esforzó en su justa medida y sin demasiada convicción, exponiendo algo más en un epílogo encimista sin conseguir nada a cambio. Mató mal a su primero y lo hizo mejor con su segundo.

Ya quedó dicho, la escasez de casta durante esta Feria de Abril se da a la reflexión. Tendrán que hacerlo ganaderos y toreros con urgencia para así evitar otra crisis: la del toro bravo. Y esta también es preocupante.

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