La nueva sede de Cáritas y el recuerdo de mis tíos Juan Salazar y Maruja González

El próximo viernes 9 de Julio a las 10:30 h de la mañana será inaugurada la nueva sede de Cáritas de Los Barrios, en calle La Plata,14. El edificio, no es otro que aquel en el que durante tantas décadas en su planta baja estuvo la tienda de ultramarinos de Juan Salazar Fuentes, y en la superior su vivienda, donde compartió toda una vida junto a su esposa Maruja González Ruiz.

Los Barrios

Al fallecimiento de ambos este edificio junto a todo su patrimonio pasó a formar parte de Cáritas Diocesana de Los Barrios como heredera universal según reza su testamento para que este “sea utilizado con el máximo provecho hacia los más desfavorecidos”.

Fue en septiembre de 2013 cuando mi tío Juan Salazar de forma sorpresiva para todos nosotros falleció en el hospital, tras una semana ingresado en la que siempre estuvo acompañado por alguno o varios de los 24 sobrinos, hermanos y demás familiares. Dos de esas noches tuve la suerte de pasarlas junto a él a solas, no dormimos ni un instante y conversamos mucho. La primera la vivimos con el convencimiento de que su estancia allí era temporal, disfrutando de recuerdos y anécdotas del pasado, pero ya en la segunda ambos teníamos la certeza y la resignación de la despedida…la estiramos por ello lo máximo posible, surcando mares de futuro donde dibujamos nuevos horizontes, hasta conseguir hacerla eterna e inolvidable.

Sin hijos, a los dos meses de su fallecimiento mi tía otorgó ante Notario plenos poderes a su cuñado Ángel Salazar y a mi persona para que la representásemos en todos los avatares de su vida hasta el final de sus días. Su comportamiento fue ejemplar, feliz de sentirse respaldada y protegida por toda la familia. Falleció a finales de diciembre de 2017, muy cuidada, asistida en todo momento, en paz y en su casa como fue su expreso deseo.

A partir de entonces, una vez levantado el testamento de últimas voluntades se abrió un periplo burocrático que llega a su fin este viernes con la inauguración del Centro Social “Nuestra Señora del Rosario”. Un proyecto social ambicioso por parte de Cáritas, comprometido, necesario y actual que persigue la integración social de aquellas capas sociales más vulnerables, dignificándolas con el impulso de su promoción humana. Un centro que no sólo funcionará para aportar alimentos a quienes estén viviendo una situación de extrema necesidad, sino que llegará más lejos, ofreciendo al benefactor -a través de asistentes sociales- un conjunto de servicios y realizaciones colectivas de carácter sociales y educativas que logren revertir su situación desde su participación activa.

Personalmente quiero agradecerles a José María Espinar (secretario general de Cáritas Diocesana de Cádiz), a Francisco Pérez Casas (responsable de Cáritas de Los Barrios) y a los párrocos P. Yelman y P. Benjamín, el habernos –como familiares de los donantes- mantenido informados en todo momento e incluso pedido opinión durante esta etapa, cuando no estaban obligados a ello. Deferencia que siempre hicieron con transparencia, respeto y cariño (así al menos lo percibí).

Ellos forman parte de una entidad siempre fundamental e imprescindible, inmaculada en sus cuentas y de admirable e incuestionable reputación, formada por millares y millares de anónimas personas, en su mayoría voluntarios, que repartidas por todo el mundo se esmeran en el empeño de que este sea más justo e igualitario.

Aunque lo utilicemos a veces de consuelo es cierto que nadie muere mientras es recordado. Varias veces mi tío Juan Salazar me comentó lo que le hubiera gustado tener hijos, y yo siempre le respondía que en su caso no era necesario haberlos tenido para conseguir descendencia. Él, que era hijo de la bondad y la concordia, siempre asentía esbozando media sonrisa de satisfacción, sabedor de lo que sus sobrinos le adorábamos.

El viernes su tienda y vivienda de toda la vida se convierten en un Centro Social cuyas paredes hace tiempo que quedaron impregnadas de humanismo y solidaridad. Para Los Barrios y aquellas personas con menos recursos -con la certera intermediación de Cáritas- destinaron Juan Salazar y Maruja González su trabajado patrimonio. Al resto, a los familiares y amigos que tuvimos la suerte de conocerles, nos dejaron una serie de valores que, si no nos hicieron mejores personas, sí nos mostraron claramente el camino para conseguirlo… y esa sí que fue sin duda la herencia más preciada.

 

 

 

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