NOVENA PROVINCIA

La política ficción

 

Envidias, chantajes, lealtades y deslealtades, venganzas, egos y ambiciones en los partidos es algo más común de lo que el ciudadano cree. Y es que, desgraciadamente, todo lo impregna la mediocridad. Pero, muchas veces, esta mediocridad es buscada por el propio líder (desde un alcalde hasta un secretario general) para que nadie de quienes le acompaña le pueda llegar a hacer sombra.

No interesa el pensamiento propio porque eso conlleva una posible crítica o un intento de desbancar al líder. Y así este se rodea de mediocres, de pelotas, correveidiles que le ríen las gracias o las no gracias y que, incluso, ni ejercen sus propias competencias de sus respectivas delegaciones, sino que su única función es leer las redes sociales o la prensa para transmitir al líder que es lo que dice de él la disidencia (que no tiene porqué estar en la oposición sino en el mismo partido).

Estamos en la máxima expresión de la mediocridad. Y al que despunta, tarde o temprano, le espera el martillazo, Adónde se ha creído usted que va.

Tal y como está la cosa, yo prefiero lo clásico cuando uno cruzaba el Rubicón dispuesto a jugárselo todo a una carta contra sus enemigos, y las puñaladas eran reales y definitivas, no había metáfora alguna cuando tus opositores y antes amigos te la clavaban por detrás.

La adhesión a uno u otro bando podía costarte la vida porque no sólo temían por el sillón los pelotas de turno rapidísimos en declarar su apoyo incondicional y su incomparable amor por ese líder del que dependen sus sustentos ( la mayoría de ellos no ha trabajado en su vida).

La bajeza, las declaraciones con aplomo frívolo y desvergonzado, carentes de ritmo y de gracia son el pan de cada día. Y uno piensa en lo que podría haber sido España con una clase política eficaz o al menos digna (en todos los niveles) en un país llevado una y otra vez a despeñarse por el desfiladero de la historia, en nuestras propias carencias y las ganas de reventar al prójimo. Y lastrado por cantamañanas sin escrúpulos, rufianes, vendepatrias y mezquinos hasta llegar al sindiós que hoy tenemos.

Y ese es el teatro que tenemos, pero es que el publiquito es todavía peor porque la política es un reflejo de la sociedad y a esos pelotas de la política se le une una parte de la sociedad que se convierte en fanática e hipócrita y pelota de los pelotas. Colorín colorado.

Este artículo es pura ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

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