Un símbolo etnográfico y de alfabetización para el pueblo de Los Barrios

La Polvorilla y su escuela rural

El paraje de La Polvorilla se ubica sobre el margen derecho de la actual Autovía A-381, sentido Jerez de La Frontera, una vez sobrepasado el embalse Charco Redondo, distante a unos 14 kilómetros del casco urbano de Los Barrios. Existe constancia de que este lugar ya era habitado en tiempos de la prehistoria y también en la época romana, así lo atestiguan los restos arqueológicos encontrados en sus inmediaciones.


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Durante los siglos XIX y XX La Polvorilla y su entorno constituyeron un importante y populoso asentamiento rural del municipio de Los Barrios. Según datos municipales facilitados al Instituto Nacional de Estadística en el año 1955 vivían en La Polvorilla y sus alrededores un total de 112 familias.

Sus vecinos aprovecharon la riqueza natural del entorno, hoy Parque Natural de Los Alcornocales, para establecer estrechos vínculos con el medio. Trabajos de agricultura, ganadería, descorche, arriería, carboneo y leña, marcaron los aspectos socioeconómicos y culturales de este lugar.

El éxodo rural de la década de los 60 y 70, y la construcción del embalse de Charco Redondo, a inicios de los años 80, supuso el abandono de lo últimos vecinos y el fin del asentamiento.

Escuela

La Polvorilla contó con su primera escuela en el año 1931. Dicho logro fue posible gracias al plan de desarrollo educativo impulsado por el recién instaurado Gobierno de la Segunda República. El 8 de agosto de ese año se publicó en la Gaceta de Madrid, por Orden del Ministerio de Instrucción pública de fecha 29 de Julio, la creación de dos escuelas nacionales para el casco de población de Los Barrios, una de niñas y otra de niños. Sin embargo, el Ayuntamiento solicitó a la Dirección General de Primera Enseñanza que en lugar de una escuela para niñas en el casco de población se crease una escuela mixta, con casa para maestro, en el campo de la Polvorilla. Fue Don Juan Alba Barragán, vecino del lugar, quien cedió local en arrendamiento, con casa para maestro, para instalar la escuela. El Ayuntamiento asumió los gastos de arrendamiento y de compra de material pedagógico.

Aunque se tiene constancia de la existencia anterior de pequeñas escuelas rurales sufragadas por señoritos o propietarios (para los hijos de sus trabajadores), como fueron los casos de los cortijos de la Granja y Guadacorte, fue la escuela de La Polvorilla el primer centro rural de enseñanza oficial pública en el término municipal de Los Barrios.

Extracto documento archivo municipal. Memoria de Secretaria 1931-1932

José Lozano Pino (alumno, nacido en 1932): “Yo estuve en la escuela cuando tenía 6 ó 7 años. Nosotros la conocíamos por la escuela de Alba. Yo vivía en Mogea de Conejo. Iba y venía a la escuela andando, cogía por la carretera. Yo estuve en la escuela con Martín, él era algo mayor que yo. La maestra se llamaba Doña María. Recuerdo que teníamos unas plumas para escribir, eran abiertas por la punta, y que en el pupitre había unos tinteros que la maestra iba rellenando. Nosotros mojábamos la pluma en tinta y así escribíamos”.

Antonio Martínez Solino (alumno, nacido en 1930): “Yo estuve en la escuela cuando tenía 4 o 5 años. La escuela estaba en lo de José Alba. Yo vivía en el Pino y bajaba andando a la escuela con otros zagales, cogíamos por la carretera. Entonces la carretera no estaba muy buena. Recuerdo que un día el maestro nos llevó a Fatiga para que viésemos cómo se sacaban las corchas. Fuimos andando toda la vereda arriba pasando por las Hermanillas hasta llegar a la casa de Juan Vera, donde había un “hato” corchero. Allí estuvimos mirando a los corcheros. También recuerdo que al lado de la escuela había una cuadra de caballos, allí paraban para cambiar de caballos cuando la gente venía de Jerez a Algeciras y La Línea”.

Pedro Tocón Valdivia: “Mi madre se llamaba Ana Valdivia Alconchel. Nació el 26 de enero de 1932 y vivía en La Teja. Ella me contó que de pequeña estuvo en la escuela de La Polvorilla pero tuvo que dejar de ir cuando saltó la guerra. Allí aprendió los números, las letras y el abecedario, aunque ella no sabía juntar las letras. Después de la guerra se fue a vivir más lejos y ya no fue más a la escuela”.

Desaparecida la Segunda República y tras una década en funcionamiento, el gobierno municipal franquista acordó su cierre en el año 1941. La falta de alumnos por lo diseminado de sus domicilios y las largas distancias a recorrer, así como el mal estado de los caminos, fueron los argumentos esgrimidos por el consistorio para su clausura. El centro fue trasladado a la barriada de Guadacorte.

El cierre de la escuela hizo que el desarrollo educativo de la zona quedase nuevamente en manos de los ya conocidos maestros de campo. Personas con estudios básicos, que actuaban al margen de la administración, y que recorrían los campos impartiendo nociones elementales a grupos de alumnos/as, en casas o chozas, a cambio de un pequeño pago en metálico, comida o techo. Este tipo de enseñanza no formal, históricamente infravalorada, jugó un papel fundamental en la alfabetización de la población rural durante los siglos XIX y XX.  

En el año 1950 el sitio de la Polvorilla y alrededores contaba con una población en edad escolar de 98 niños y niñas, lo que propició que el ayuntamiento de Los Barrios, consciente de las necesidades educativas existentes, solicitase al patronato social José Antonio Primo de Rivera una subvención para construir dos escuelas rurales, con casa para maestro y capilla, una en la Polvorilla y otra en la aldea de Cucarrete, núcleo también populoso. El consistorio se obligaba a ceder terreno municipal para su edificación y los vecinos se comprometieron a aportar piedras, arena, cal y la apertura de cimientos.

Extracto documento archivo municipal de Los Barrios. Memoria relativa a la instrucción primaria en esta Villa, año 1952.

En el año 1952 el Ayuntamiento de Los Barrios construyó la Escuela Rural de la Polvorilla, siendo subvencionada por el patronato José Antonio con 75.000 pesetas, y los vecinos cumplieron con su compromiso ayudando a su construcción. Meses después se llevó a cabo la construcción de la escuela de Cucarrete, de características similares (esta última, por defectos de construcción, se derrumbó años después).

El centro fue catalogado como Escuela Rural Unitaria Mixta y estuvo sin maestro hasta el año 1956 (su distancia respecto a los centros urbanos más próximos y la falta de servicios públicos mínimos hizo difícil su provisión por falta de solicitudes). Su metodología educativa se caracterizó por clases conjuntas de niños y niñas de hasta 30 alumnos/as, entre 6 y 15 años de edad, dirigidas por un solo maestro/a.

Sello curso 1976-77

A esta escuela asistían niños y niñas de los campos cercanos de Las Lagunillas, La Teja, Barrio del Cisco, El Jaral, Mogea de Conejo, Presillas, Puerto de Valdespera, Rincón de Bustamante, El Castaño, Las Navas y Las Hermanillas.  Algunos de estos menores, para asistir a clases, debían de recorrer largas y penosas distancias, de hasta 8 kilómetros de ida y vuelta, a través de veredas y caminos.

A lo largo de su historia han pasado por la escuela maestros como Rosario de Sola, Josefa Moreno Moreno, Julián Ruiz Carmona, Emilio Díaz Reiné, Francisco Manzano Gómez, María Luisa Maturana Viloria, Juan A. Espinosa Mena, José María Blanco Luque, José Luis Cordero Pérez, José López Lirios, José Lozano Coca, Alfonso Sanz Daza, Luis Serrano Román, Isidro Conde, Raimundo Chamber Pérez, Luis Lobato Rodríguez, Esteban Prieto Blanco, Diego Jiménez Relinque y Carlos Manella Guerrero, quien fue el último docente. En el año 1967, José Chamizo de la Rubia (Defensor del Pueblo Andaluz desde 1996 hasta 2013) cursó sus prácticas de magisterio en la escuela. El éxodo progresivo de vecinos provocó la pérdida de alumnos y su cierre en el año 1978.

La escuela, también conocida como Capilla de la Polvorilla, contó desde su creación con un pequeño altar y con la imagen de una Virgen, lo que permitió que durante años sirviera de lugar de culto religioso (se daba misa los domingos, se impartieron clases de catequesis y se celebraron bautizos, comuniones, confirmaciones y bodas).

Alumnos en su primera comunión, año 1968.

La escuela también fue utilizada para otros fines de interés social. Sirvió de sala para expedición de documentos de identidad, de centro de vacunación, aula formativa y, después de su cierre definitivo, como almacén de material forestal. De especial interés para los jóvenes de la zona resultaron lo cursos de capacitación agraria impartidos durante los primeros años de los 70 (el maestro Antonio González Arroyo y el Agente Forestal Antonio Arnedo Guerrero fueron dos de los docentes).

Curso de capacitación agraria, año 1971. A la derecha, Antonio Arnedo Guerrero, Agente Forestal.

– José Aguilera Jiménez (vecino, nacido en 1935): Yo estaba arrancando cepas con mi cuñado, Antonio Téllez, en Los Garlitos. El Alcalde de Los Barrios, Juan Rodríguez, nos pidió a los trabajadores de los montes propios que ayudáramos en la construcción de la escuela. Dijo de buenas maneras que arrimáramos el hombro para quitar el analfabetismo. A mi cuñado y a mí nos tocó abrir un tramo de cimiento de la zona de la fachada. Excepto dos o tres albañiles que tenían sueldo el resto no cobró nada”.

– Antonio Martínez Solino (vecino, nacido en 1931): Todos los vecinos con edad de trabajar ayudaron voluntariamente y gratuitamente en la construcción de la escuela. Un día fue mi padre, otro mi hermano Quico y otro yo. Yo estuve recogiendo piedras de los bujeos” y cargándolas en las carretas”.

– José Lozano Pino (vecino, nacido en 1932): El Alcalde, Juan Rodríguez, puso de responsable de la obra a Manuel Mendoza. Recuerdo cómo Mendoza, que era un hombre muy curioso, le tiró a Peterneras”, que era un albañil de Los Barrios, un trozo de muro de la escuela, decía que no estaba bien hecho. También recuerdo cómo por las mañanas, de lejos, veía y escuchaba bajar para la escuela a los niños de La Lagunilla. Eran muchos, venían en hilera y traían mucha escandalera”.

– Alberto Morales Mendoza (vecino, nacido en 1939): Trabajé dos o tres días. Yo estuve recogiendo piedras con mi tío Curro en el “bujeo” de José Alba. Había tres carretas y también algunos mulos y burros. Mi abuelo prestó su carreta y una yunta de vacas”.

– Joaquín Gil Carrasco (vecino, nacido en 1940): Yo estuve haciendo los cimientos con mi padre y mi hermano Bartolo. Había mucha gente de la Polvorilla ayudando. La escuela se ha utilizado para muchas cosas, bautizos, misas, bodas. Yo me casé en la escuela en 1965. Mi suegra, Francisca Pérez Fernández, era la que se encargaba de limpiarla”.

– Julián Ruiz Carmona (maestro, nacido en 1933): Estuve desde septiembre de 1959 hasta marzo de 1960. Llegué con mi mujer, estábamos recién casados. El día que llegué a la escuela lo primero que me encontré al abrir la puerta fue un chorro de ratones, no había agua, ni luz, el váter no tenía tubería, había grietas por todas partes, la escuela estaba que se caía. Tenía 23 alumnos, eran niños muy buenos, respetuosos y con entusiasmo. También daba clases a personas mayores, eran nocturnas y como no había luz el Ayuntamiento me dio un petromax. Una mañana, sobre las 7, llaman a la puerta de la escuela y escucho: “¡Maestro, maestro!” ¿Qué pasa?, dije yo. Y me dicen: Que se ha caído la escuela de Cucarrete”. Esa mañana me fui en caballo hasta Cucarrete, el hijo de Sillero el forestal me acompañó. Cuando llegué, la maestra, que era viuda y vivía con su hija, estaba llorando, todo el techo de la escuela se había caído a plomo. Ellas tuvieron suerte porque los tabiques donde ellas dormían sostuvieron el techo. Si la escuela en vez de caerse de madrugada se cae por la mañana hace una masacre. Yo me quedé muy preocupado porque la escuela de Cucarrete era gemela a la de La Polvorilla y pensé que se caía también. Escribí una carta al presidente del Patronato y al Alcalde de Los Barrios, José Mañas Góngora. Al poco tiempo vinieron a arreglarla, por eso me fui. En la escuela de la Polvorilla lo di todo con toda mi alma. Fue muy duro, pero fui feliz allí”.

– José Chamizo de la Rubia (maestro en prácticas, nacido en 1949):  “Fue sobre el año 1967, estuve allí más de un mes. Subía y bajaba haciendo autoestop, algunos días fui en bicicleta y alguna vez también cogí la Valenciana. Cuando yo llegaba el maestro al verme se iba, era un hombre mayor. Todos los niños y niñas eran hijos de trabajadores del campo, había mucha pobreza. Los alumnos estaban muy interesados en las historias y en las anécdotas, eran más de la cultura oral que de la escrita. Eran niños muy respetuosos. Recuerdo que había un chiquillo que era de Cucarrete, venía en mulo con su padre que trabajaba por la zona. Ese mes me sentí muy feliz”.

– Raimundo Chamber Pérez (maestro, nacido en 1951): Estuve en el curso 1974/75, tenía 12 alumnos. Fue una experiencia muy bonita. Eran niños de campo, muy nobles y agradecidos. Recuerdo que un día una alumna, Catalina Gil, me comentó que había dos niños que no estaban viniendo a clase. Organicé una excursión con todos los alumnos para ir a convencer a sus padres, vivían a unos dos kilómetros. Estuvimos hablando con ellos y los convencimos”.

– Esteban Prieto Blanco (maestro, nacido en 1955): Estuve en el curso 1976/77. Tenía matriculados a 10 alumnos, de entre 6 y 10 años. Yo tenía allí a los hermanos Tocón Aguilar, Pérez, Gil, a Martínez y otro niño del que no recuerdo su nombre. Al principio, por la diversidad de contenidos y las diferencias de edades, fue difícil dar clases. Recuerdo que en los recreos enseñé a leer a una vecina, se llamaba Catalina Pecino”.

– Carlos Manella Guerrero (maestro, nacido en 1947): Di clases en el año 1977/78, tenía siete u ocho alumnos. Iba y venía todos los días a la Polvorilla con mi Seat 600, la carretera estaba malísima. Al pasar por el acuartelamiento de la Polvorilla paraba para recoger a los niños del Brigada. Recuerdo que muchos de los días, al subir o al bajar, me cruzaba en el camino al Maestro Quico que iba o venía de dar clases a los niños de los Cortijos. Yo paraba y lo subía al coche”.

– María Gil Carrasco (alumna, nacida en 1947): Yo vivía en el Chorro de La Teja. Había muchos niños, conmigo estaban Antonio, Fernando y Manoli Moya. Recuerdo que tuve a dos maestras, la señorita Josefa y la señorita Rosario. Yo llevaba una libreta, un lápiz y una goma, no había nada más. En la escuela había un libro para todos los niños, la maestra nos iba llamando uno a uno, salía uno a leer y cuando terminaba salía otro. En la escuela aprendí a rezar, allí hice la comunión. Con 11 años dejé de ir, mi padre y mis hermanos trabajaban en los ranchos de carbón y yo tenía que ayudar a mi madre”.  

Dedicatoria para la alumna Dolores Ruiz, año 1957.

Ana María Mariscal Espinosa (alumna, nacida en 1966):Yo vivía en la venta y allí no había niños. Recuerdo que cruzaba la carretera y me asomaba a la ventana de la escuela para verlos. Mi madre para evitar que yo cruzara habló con el maestro y aunque no tenía la edad le hizo el favor de dejarme ir a clase. Oficialmente no me escolaricé hasta 1º. Esa escuela fue muy motivadora para mí, desde entonces no he dejado de estar matriculada en algo”.

– Isabel Barea Tocón (alumna, nacida en 1954): Yo vivía en el Puerto de Valdespera. Me iba andando para la escuela con mi hermano y otros niños. La mayoría de los días no llegábamos, nos quedábamos jugando en el camino, nadie decía nada. Un día a la semana nos daban en la escuela leche en polvo, ese día no faltábamos”.

Andrés Saborido Pecino (alumno, nacido en 1953): “Como no tenía estudios mi padre habló con el maestro y le pidió el favor de que me preparara para presentarme al examen de certificado de estudios primarios. Entré en la escuela con 15 años, estuve dos años. Había niños de todas las edades. Yo vivía en la Lagunilla y me iba andando con los Moya, los Tocones y algunos vecinos más. Cuando la garganta del Cura llevaba agua teníamos que saltarla, algunos días llegábamos a la escuela chorreando y embarrados. En la escuela aprendí quebrados, raíces cuadradas, algebra y análisis sintáctico”.

Isabel Iglesias Salas y Rosa María Iglesias Salas (alumnas, nacidas 1961 y 1962): Nosotras y mi hermana Luz entramos juntas en la escuela en 1969. Ese año éramos muchos niños en clase, sobre unos 25 o 30. Había muchos niños mayores, se preparaban para los estudios primarios. Los grandes se sentaban a la derecha y los pequeños a la izquierda. El maestro, José pez Lirios, no podía con toda la clase. Recuerdo que el maestro le decía a uno de los grandes, ¡ponle cuentas de sumar y dividir a las niñas! Ellos nos las ponían y las repasaban, también nos hacían dictados. Teníamos que saber los verbos de pe a pa”, y los ríos y las montañas. Nosotros vivíamos en el Cortijo del Rincón de Bustamante. Cuando el río llevaba agua, mi padre y Acosta, nos montaba a los cuatro hermanos en un caballo y así cruzábamos. En la escuela dábamos clases de catequesis, nos las daba el Padre Felix. Allí también hicimos la comunión”.

Isabel, Rosa y Luz Iglesias Salas. Curso 1969/70.
Antonio Álvarez Alconchel, curso 1966/67.

Paqui Pérez Rodríguez (nacida en 1960):Yo vivía en las Algámitas. Con siete años, mi padre nos llevó en burro, a mi hermana Ani y a mí, hasta la escuela de la Polvorilla para vacunarnos. La vacuna se me infectó, aún tengo la marca en el hombro izquierdo”.

Desde febrero del año 2023 la Escuela Rural de La Polvorilla está siendo rehabilitada por la Asociación Enclave Rural La Polvorilla. Esta entidad pretende recuperar y poner en valor este patrimonio símbolo etnográfico y de alfabetización para el pueblo de Los Barrios.

Fuentes documentales:

-Archivo Municipal de Los Barrios (Cádiz). Signatura: 173/ 1579 / 1587/ 1641.

-Editorial Escuela Española.

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