MENUDENCIAS BARREÑAS

Las ampliaciones de la ermita

La ermita de San Isidro era muy pequeña en su origen, por ello tuvo varias ampliaciones en el siglo XVIII, cuando aumentaron los habitantes de la nueva población de Los Barrios.

Para situar bien esas tres ampliaciones de la ermita, nada mejor que verlo ilustrado con una recreación de Pablo Quijano con ayuda de la IA y siguiendo mis observaciones.

A mediados del siglo XX aún permanecía visible parte de los muros de la arruinada ermita, que trasladó su actividad religiosa a la nueva Iglesia alejada de la misma e iniciada a construir hacia 1727 y a donde se llevó el sagrario y enseres religiosos en 1760, que antes estaban en la ermita desde 1702, fecha de su primer inventario conservado.

No hacía mucho tiempo que José Salazar Roncero adquirió la propiedad del caserío y patio que tuvo el cortijo de Tinoco donde estuvo la ermita, para allí instalar su panadería. Muchos niños que jugábamos en la Plaza Chica o de San Isidro sabíamos que las ventanas redondas que allí se veían, eran de la desaparecida ermita, cuyo interior derruido era visible desde su portón desvencijado y falto de alguna tabla del mismo .

Si no recuerdo mal, al fondo de esa larga habitación casi destechada había una hornacina o nicho donde se decía que estuvo la imagen de San Isidro, cuya talla de madera se llevó luego a la nueva Iglesia. Parte del techo de la entreplanta de esa larga habitación estaba casi hundido y sin reconstruir, pues se pensaba que aún podría tener alguna vinculación religiosa, hasta que el propietario por fin se decidió a retecharlo para ampliar su obrador del pan.

Sería después, a mediados de los años ochenta del siglo XX, cundo comencé a investigar la verdadera historia de esa ermita en torno a la cual se formó la nueva población de Los Barrios tras la pérdida de Gibraltar en 1704 y descubrí que aquella habitación con ventanas de ojo de buey no fue la primera ubicación de la ermita como se pensaba, ya que estaba bastante bien documentado su anterior situación en otra habitación más pequeña y contigua a la misma.

En 1989 tuve ocasión de volver a ver con más detalles el obrador del pan que conocía de niño. Me lo mostró Feliciano Salazar Salazar, que había sustituido a su padre en el oficio de panadero. Observé entonces con detenimiento sus muros y subí por una escalera interior a la habitación de arriba, que me recordó el “cuarto alto” citado en la documentación consultada.

En aquel momento igual me fue de mucha ayuda un plano de la panadería, dibujado por mi hermano Antonio, con motivo de una reforma de la misma para sustituir el viejo horno de leña por otro eléctrico. Todo ello me permitió una visión más exacta de cómo fue la ermita y cuáles sus ampliaciones, según se deducía de la documentación del Archivo Parroquial de la Iglesia de San Isidro Labrador y sobre todo del Archivo Diocesano de Cádiz.

En mi libro La antigua ermita de San Isidro en Los Barrios (1989), describí el origen y las ampliaciones de la ermita, con alguna duda de ubicación pendiente, que más tarde resolví y expuse en una conferencia dada en la propia Parroquia de San Isidro durante su III Centenario (1704-2004), donde mostré las sucesivas ampliaciones de la ermita mediante varios planos de elaboración propia que aún conservo inéditos, basados en el antes citado de mi hermano.

El caserío del cortijo de Tinoco o de San Isidro, cuyo muro exterior aún se conserva bien, tenía una superficie rectangular casi de ciento cincuenta metros cuadrados, con el lado menor en la plaza de San Isidro y el mayor con esas ventanas de ojo de buey en la calle homónima. Su interior estaba dividido en dos mitades similares por otro largo muro de carga.

La mitad de derecha era la habitación corrida citada en los documentos consultados como “sala o salón grande”, a donde, entre 1718 y 1719, se trasladó la capilla original de la ermita y entonces se le harían las dos actuales ventanas de ojo de buey. La mitad izquierda del edifico a su vez se dividía en varias habitaciones, una al fondo con la escalera interior al “cuarto alto” y otra habitación pequeña junto a la plaza de San Isidro con la capilla original de la ermita.

Esa capilla de la ermita se describe en los documentos consultados como muy pequeña y con una ventana al patio del caserío que aún se conservaba en 1989, aunque ya le faltaba el tabique o muro divisorio entre habitaciones. La capilla tendría su principal puerta abierta a la plaza de San Isidro, como era obligado en toda ermita pública que debía tener puerta propia exterior e independiente del resto del edificio, cuyo dintel de arco rebajado identifiqué en un muro exterior que se transformó en interior con acceso a un pequeño habitáculo adosado.

Recuerdo de niño que ese habitáculo de superficie cuadrada y situado en un rincón de la plaza de San Isidro era de planta baja con una ventanita y un tejadillo a tres aguas que sería la primera ampliación de la ermita antes de 1708, cuando alguna partida de defunción ya lo cita como “atrio” o “antepuerta” donde se enterró alguna persona. Ahora es de dos plantas y tiene una puerta lateral con la escalera para subir a toda la planta alta reedificada.

La ermita tuvo una segunda ampliación al trasladar el culto desde la pequeña capilla inicial a la “sala o salón grande” con ventanas de ojo de buey. Pero todavía se intentó otra tercera ampliación, abriendo arcos en el muro transversal interior, como consta en el pleito del primer capellán Antonio Rodríguez contra el párroco Pedro de Rosas Plasencia y vecinos de Los Barrios que pretendían dicha ampliación.

Aunque el obispo Lorenzo Armengual de la Mota decretó en contra de esa ampliación abriendo arcos en su muro interior y ordenó que de llevarla a cabo fuese mediante una nueva Iglesia que se debía construir alejada de los muros de la ermita para no arruinar su edificación. Como así se haría a partir de 1727, aunque no obstante es posible que entonces se llegase a abrir al menos un arco en el muro interior que todavía se conserva.

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