UN CAMINO EN EQUILIBRIO

Los beneficios del mindfulness

 

Quedaros con esta palabra… mindfulness. Significa ser consciente del momento actual, sin juzgarlo y sin tratar de modificarlo, es decir, aceptándolo tal cual viene. Es una atención plena de lo que sucede «ahora».

Se trata de observar lo que nos sucede o nos preocupa en determinado momento, y aceptar la experiencia como se da. Debemos estar abierto a la experiencia sensorial.

A través del mindfulness, la persona va a observar sus respuestas fisiológicas y va a aceptar cualquier cambio, sensación o movimiento. Además, el sujeto se debe implicar de manera activa, buscando conocer y sentir todo lo que acontezca.

Por ejemplo, cuando estamos atendiendo nuestras sensaciones corporales, puede ser que nuestros pensamientos se vayan a otros lugares, pues bien, una vez que nos demos cuenta de que nos hemos alejado del objetivo, no nos enfrentaremos, si no que aceptaremos dicha digresión y volveremos a retomar la tarea principal, con naturalidad.

Realmente, el mindfulness es una cualidad de la mente, y hay que entrenarla.

Existen numerosos ejercicios que pueden dirigirnos a experimentar sensaciones enriquecedoras en este sentido. Entre ellos:

– La meditación: desde hace siglos se viene practicando la meditación, e incluso llega a ser la base de algunas culturas. Para meditar tendremos que buscar un lugar tranquilo, sin ruidos y callar nuestra mente.

Estudios realizados han demostrado que el silencio mental obtenido en la meditación puede reducir el estrés laboral y ser una terapia contra la depresión.

– Respiración profunda: vamos a controlar la respiración, inspirando profundamente por la nariz y expirando lentamente por la boca. Debemos prestar atención y percibir como nuestros pulmones se hinchan y como va saliendo, poco a poco, el aire. Céntrate en el sonido de la respiración y en su ritmo.

– Limpieza general: dejemos ir todo aquello que ya no nos sirva y sintamos la libertad de apartar de nuestra vida cosas que ya no son necesarias, tanto materiales como inmateriales. Además, cuando lo hagas, presta atención

– Escucha música: en este caso, prueba a poner una música que te guste y sentado o tumbado, en un ambiente relajado y con una temperatura adecuada, escucha cada nota, siente las emociones que empiezan a aparecer en ti y déjate llevar, si tu cuerpo te lo pide, disfrutando de cada movimiento.

Una vez visto todos estos ejercicios puedes crear tu propia técnica para practicar el mindfulness. Por ejemplo, si estás haciendo la colada, disfruta de su olor a suavizante, del ruido que hacen las pinzas e incluso del aire que va a secar esa ropa. Esta cadena de conductas, que hacemos a diario y a la que no prestamos atención, pueden ser un buen ejercicio para la práctica del mindfulness. ¡Tómate tu tiempo!

«Dos pensamientos no pueden coexistir al mismo tiempo, si prestas atención a la luz clara del presente, no habrá lugar para el crepúsculo mental«

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