Los chisparreros vuelven a hacer carbón

No tienen un interés económico que les mueva a volver al carboneo, pero lo cierto es que algunos vecinos de Castellar construyen de nuevo hornos de leña de quejigo o de chaparro para obtener carbón vegetal. Ante la crisis, una alternativa sostenible, rentable y tan propia que hasta los nombra.

Los hornos de carbón desaparecieron de los montes de Castellar cuando el gas butano llegó a las casas campogibraltareñas. El carboneo, actividad forestal que se alternaba con el descorche en el Parque de los Alcornocales dejó de ser un trabajo de sustento. Pero hoy, vecinos de Castellar, que de niños y jóvenes trabajaron junto a sus familias en este oficio sacrificado que producía carbón para consumo doméstico (entonces no había otra forma de cocinar) vuelven a hacer hornos para producir carbón de chaparro o de quejigo, un combustible según los que lo trabajan, «más bueno y mucho más duradero que el que venden en cualquier supermercado».

Es el caso de Arturo Sánchez o Alonso Trujillo. Ambos han tenido la misma idea con árboles caídos en sus parcelas y en montes municipales. Tras pedir los permisos pertinentes a los agentes forestales, han construido sus hornos con la madera de ejemplares derribados, que, en vez de leña, van a producir carbón. Alonso calcula que sacará 50 arrobas de carbón, unos 600 kilos, pero, igual que Arturo, no se plantea venderlo en un primer momento. «El interés era aprovechar el árbol y luego tener carbón para consumo propio, la casa, las barbacoas. Pero lo de venderlo tampoco se descarta», comentaba el primero, «Los hornos servían para mantener limpio el campo, los árboles enfermos se aprovechaban, y, antes de enterrarlos, se cubrían con los arbustos y la hojarasca de alrededor para que ardiera bien, con lo que en invierno se desbrozaba el monte como una rutina». Trujillo ronda los sesenta años, su familia llegó a Castellar desde Genalguacil cuando era un niño porque el monte chisparrero daba más oportunidades que las tierras de la Serranía de Ronda.

La actividad forestal perdida ha llamado la atención también de Arturo, joven castellarense de ascendencia jimenata que se ha ayudado de la experiencia de un vecino «más antiguo» para construir el horno en su parcela. Los dos están a la espera de que puedan arrancar a arder los hornos. A diferencia de la producción industrial de carbón vegetal, cuyas instalaciones de chapa incineran todo tipo de árboles de madera innoble, los hornos de los montes de castellar arderán lentamente durante 20 días para producir un carbón totalmente natural cuyas propiedades combustibles superan con creces a los de las grandes industrias.

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