SOBRE NUESTRA VIDA

Nada es tan grave

 

Nunca se sabe lo que un error puede desencadenar. Os voy a contar una historia …

El otro día me han dejado plantada.
Una hora más tarde me contacta mi cliente super apurado. –Disculpa, me he quedado dormido, me siento super mal …

Yo entretanto, mientras que le esperaba, me puse música clásica relajante, incienso, y me senté tranquilamente en el sofá, el ordenador en mi regazo para ponerme a escribir un rato.

Fuera se escuchaba el viento, dentro la música clásica, el olor a relajación me envolvía. Antes de ponerme a escribir, me paré un rato.

Solté el ordenador y me quedé ahí, sin hacer nada. Miré por la ventana, miré las nubes pasar. Y ocurrió algo que últimamente no había conseguido que ocurriera. Y lo prometo, ¡lo estaba buscando!

Me invadía una sensación de paz y tranquilidad por todo el cuerpo. Despierta, con calma y serenidad, me susurró el silencio. ‘Esto no se busca, esto se recibe.’

Y así pasó que, instalándome para recibir un cliente, me recibí a mi misma.
¡Qué bendición!
Por otro lado, mi cliente, me pidió perdón cien veces. Se sentía muy mal, por mí y por él también porque había necesitado verme de verdad.

Quedamos para otro día, y todo está bien. No pasa nada.
Aunque podía sentir y comprender el apuro de mi cliente, para mí fue un regalo.
Para mi cliente no obstante es un mundo. No puede ni imaginarse el regalo que me hizo, por mucho que se lo explico.

Para él, que ya anda peleado con él mismo, tal «fallo imperdonable» se suma a su lista de «fracasos» – ¡Así nos tratamos!
Creemos que todo lo que hacemos tiene que ser perfecto, y si no lo es, las cosas están mal … – Es ahí donde se nos escapa algo importante: ¡No somos lo más importante del mundo! No somos quienes determinamos lo que está bien y lo que está mal – ¡ni siquiera para nosotros mismos!

A mí, este asunto «imperdonable» me ha hecho ver de nada es tan grave. ¡Nunca es tan grave como parece!
Ya que no sabemos qué clase de regalo nos espera a la vuelta de la esquina.

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Opinión Veronika Gau

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