MONTE DE LA TORRE

Plaza de las plazas

 

El gran barco de Europa
tiene por proa a nuestra bella Algeciras,
la que yo llamo Plaza de las Plazas,
siempre fue fuerte plaza de armas
que custodia y vigila este Estrecho
junto con Ceuta en punta Almina,
pero dentro de ella hay muchas otras plazas,
algunas de ellas aquí paso a con mis versos a pasear.

Plaza de Abastos, obra magna del ingeniero Torroja,
parece construcción hecha para oración,
singular jaima de curiosa cubierta de piedra,
arquitectónica algecireña joya.
Por las mañanas, bullicio, voces pregonando,
exposición de productos varios, dentro y fuera;
mercado alegre donde no cabe una aguja.
Pasado el mediodía, cartones, embalajes rotos,
silencio, mangueras de agua lavan los adoquines
y, al caer la tarde, se va abriendo otro tipo de mercado,
el propio de la nocturnidad de toda ciudad.

Plaza Alta,
allí vive y mora La Palma, protectora de esta noble ciudad,
parece su torre minarete
pero es iglesia cristiana.
Rodean a esa plaza palmeras y naranjos.
y en el centro de esa fuente donde las ranas no croan ni saltan.
Por las mañanas, todo es de paso, prisa, recado o trabajo
y el reloj de la torre avisando que pasan las horas.

Lejos queda la estampa bucólica
de aquel fotógrafo que hacía entrañables fotos.
Es tanta la celeridad del tiempo que se lo ha llevado
y todo son ya fotografías en color; pero Algeciras
también las necesita en blanco y negro.
Al llegar la tarde, todo es más lento y perezoso,
hasta el Sol quiere descansar:
las terrazas de aquellos bares se llenan;
en los bancos de la plaza, esos asientos de mosaicos quijotiles
se sienta el cansado anciano a ver como se desliza su tiempo,
ese tiempo que no puede ni debe retener.
Las palomas con su alear,
como si fueran abanicos, le quieren dar aire a su mente
a quien le falta cada día más y más.
En otro asiento está algún mozo aguardando
que por alguna de las calles aparezca su Dulcinea,
pero ella está en las Escalinatas mirándose
en ese bonito espejo que es la mar.
Niños y sus gritos de júbilo rompen la monotonía,
juegan y juegan y, cual cometas vuelan
sin levantarse del suelo
porque están sujetos por el hilo de la protectora mirada
de sus madres que saben que un día
las tijeras afiladas del tiempo cortarán ese hilo
y los que eran niños, son ya hombres y mujeres.
La Capilla de Europa,
silenciosa, coqueta parece una anciana de siglos y siglos
que se contenta con ver a la plaza llena,
ver a Algeciras crecer y crecer.

Alguna pareja entra en ella, cuando su puerta está abierta,
para hacerse promesas que serán realidad o no,
ya lo dirá el corazón de uno y otro,
pues los corazones son relojes que marcan la marcha vital

Plaza de San Isidro
¡Qué coqueta! ¡Qué recoleta!
Fuente de inspiración de artistas,
círculo de plumas literarias, pinceles,
creatividad en estado puro.
Tradición viva, parece pintoresco nido
donde queda el ayer esperando nuevo amanecer

Plaza de Andalucía,
cementerio de la grandiosa y siempre Perseverancia,
ruina comercial a plena vista y en pleno día;
solo unos años de finales de los ochenta tuvo vida,
ahora, total agonía.
¿Quién la hará volver a respirar?

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