Programa electoral para las Municipales

 

Rafael Fenoy Rico | Secretario de Comunicación Educación de la Confederación General del Trabajo (CGT)

Hace tiempo que se esperaba de quienes decían tener vocación de servicio al pueblo dedicándose a la política, eso y sólo eso. No se tenía, a medidos de los años 70, del siglo pasado, experiencia de personas que se dedicaran a la política partidaria. Cuarenta años de partido único, el del Movimiento Nacional, instaurado tras la guerra civil por el dictador Francisco Franco, habían sumido a las personas que no conocieron, desde su nacimiento, otra realidad política que la dictadura, en un desconocimiento de hacer “política”. Los Concejales, por ejemplo, no cobraban y los Alcaldes estaban “tutelados” por el Gobernador Civil que encarnaba el poder del Estado totalitario en cada provincia.

Se suponía que aquellas personas jóvenes, que militaban en partidos que pretendían instaurar un sistema democrático en España, lo hacían desde el desprendimiento y la generosidad de una vida entregada al bien común. Fuesen de izquierdas o no tan de izquierdas, merecían el mayor de los respetos. Precisamente porque nada, decían pedir por dedicarse a esto de la política. El tiempo ha venido a dejar claramente establecido que el interés particular de muchas personas les ha animado a acercarse al poder político y de esta forma vivir, cómodamente, y en bastantes ocasiones sin oficios conocidos o trabajos desarrollados. Últimamente el acercarse al partido de turno desde la tierna juventud hace que el fenómeno se haya agravado extraordinariamente.

Por otro lado, los programas electorales han vertido miles de promesas y la conclusión es que no se cumplen y tampoco pasa nada, ya que a la siguiente cita electoral ninguna organización política hace un acto de contrición, reconociendo lo incumplimientos, de forma que vuelven a prometer y punto. Dos aspectos estos, el de la ausencia de intereses personales en los candidatos y en la veracidad a la hora de prometer en los programas, que deben orientar cualquier nueva propuesta política que se haga al pueblo en las próximas elecciones municipales. Por ello un programa electoral debe ser muy parco, más bien nulo en promesas, y sí muy explicito en los procedimientos participativos para que colectivamente el pueblo vaya adoptando soluciones a los problemas que vive. No es tanto el “•Qué Hacer”, como el cómo decidimos entre todas y todos hacer qué.

Por otro lado las personas que se presenten deben garantizar, al pueblo que les vota, que no recibirán dinero alguno del ayuntamiento. No debe la dedicación a la política estar remunerada en modo alguno.

Y por último el ofrecimiento al pueblo tiene que ser contundente es decir: después de asegurar que se contará con las personas del municipio para adoptar acuerdos, después de asegurar que ni un euro será cobrado por asumir el compromiso, es lógico que se asegure al pueblo que sólo se aceptaran las responsabilidades si se cuenta con mayoría absoluta. Porque si lo que se quiere es gobernar con todos y todas, la única manera es tener el poder de hacerlo realidad.

Tres, sólo tres, nada más, los elementos del programa electoral.

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