Salió el toro… y se quedó sin torear

El comportamiento noble y bravo de los toros de El Pilar ha marcado la penúltima corrida de la Feria de Abril. Toros de bonitas hechuras, de nobles y encastadas embestidas, que mantuvieron el interés de una tarde de carencias en los que delante se pusieron. Salió el toro que todos desean y ni El Cordobés ni Conde lo supieron aprovechar. Esplá, en su despedida de Sevilla, con el único manso de la corrida, el primero con el hierro de Moisés Fraile, y el brusco y quizás más complicado cuarto, anduvo con oficio aunque sin trascendencia

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TOROS: se han lidiado toros de la ganadería de El Pilar y Moisés Fraile -el primero-, bien presentados. Corrida noble y con movilidad. Salvo el primero, que manseó, todos los demás fueron buenos toros. Manejable el segundo. De excelente juego el tercero, bravo y muy noble. Brusco el cuarto. Muy noble y de embestida inagotable el quinto. Muy bravo en el caballo el sexto.

ESPADAS: -Luis Francisco Esplá, que se despedía de esta plaza, de nazareno y oro, silencio y silencio.

-Manuel Díaz ‘El Cordobés’, de verde y oro, saludos tras petición y saludos tras leve petición con aviso.

-Javier Conde, de blanco y azabache, silencio y pitos.

INCIDENCIAS: Casi lleno.

Manuel Viera.-

En la penúltima llegó. Muy tarde, casi con las luces apagadas de una Feria que no brilló, precisamente, con la luz de la bravura. Llegó cuando los que se anunciaban en carteles de lujo terminaron su hazaña de lidiar corridas a modo de ganaderías rimbombantes con nombres ilustres. Llegó cuando los tendidos se llenan por la inercia de un sábado de farolillos sin el tirón de los grandes. Llegó, desgraciadamente, cuando las carencias de los que abajo torean se quedan al descubierto cuando la casta y la bravura sé manifiestan en el ruedo. Hoy salió el toro, noble, bravo y encastado, el toro de ensueño para hacer el toreo. Y… no lo hicieron.

La corrida de El Pilar se quedó sin torear. Los bravos toros de Moisés Fraile merecieron algo más que un esperpéntico salto, una figura compuesta y la estética en el trazo del natural meloso y ensoñado. Falso toreo ante la milagrosa embestida de un toro bravo.

Cabe preguntarse en qué medida puede ser interesante para la sensibilidad de la gente un ‘artista’ que transita por la plaza sin ofrecer después la realidad del toreo, y sólo esa poética de sus formas que anecdóticamente es un gesto, quizá, estudiado.

A Javier Conde le salió el toro de la Feria. ‘Dudeto’, que así se llamaba, galopó al cite del malagueño con noble y brava embestida. Unas series de naturales con su personal estética marcaron lo más alto de una faena demasiado superficial que se quedó sin acabar por un conformismo absurdo. Tan sólo en algún que otro pase de pecho no hubo exceso de ensoñación que delatara sus habituales maneras. Sin embargo, estos bien ejecutados remates, junto a los bellos detalles y adornos, no sumaron méritos a un trasteo inconcluso y sin rematar con la espada.

Al sexto, otro gran toro roto en el caballo tras empujar con excelente bravura, no lo quiso ver. No debió resultarle excesivamente estimulante su raza de bravo. Por esta razón, Conde se reencontró con su miedo siendo incapaz de trazar un solo muletazo y mostrarse de forma esperpéntica con la espada.

Luis Francisco Esplá se despidió de la Maestranza de la misma forma que trascurrió su vida de torero por esta plaza: sin trascendencia. Al maestro de Alicante le mostró su sensibilidad el público de Sevilla con una ovación tras romperse el paseíllo. Y auque quiso después devolver el agradecimiento, no lo consiguió. Con el único manso que salió de chiqueros, éste con la divisa de Moisés Fraile, le anduvo con su consumado oficio hasta conseguir algún que otro natural de personal estilo al hilo de las tablas. Y con el cuarto, un toro de embestidas cortas y bruscas, se mantuvo dentro del mismo tono, sin esa chispa de encanto que a veces manifiesta, y sin esa exaltación mística propia de Esplá. Tras la estocada necesitó de tres golpes de descabello para acabar con el último toro de su vida en esta plaza.

El toreo de El Cordobés no se concibe sin énfasis en su particular juego con el toro. Y Manuel lo puso con el noble segundo. Un toro que acudía a la muleta, quizá con embestida distraída tras el pase, mejor por el lado izquierdo, y sin molestar. En la faena de Manuel hubo de todo, desde pases electrizantes con la derecha hasta los que resultaron muy templados, aunque despegados, con la izquierda, y sin que faltase el epílogo del ranazo. Dio lo mismo, porque todo fue igual de efectivo. Algo que demuestra el hecho de que el toreo de El Cordobés le corresponde a un público que así lo quiere. Se mire por donde se mire, esto no tiene nada de purista, pero es una excelencia para quien le gusta y lo disfruta. Y siempre habrá un tipo de gente capaz de disfrutar intensamente con este toreo. El mismo que esta tarde le realizó al quinto, otro buen toro de embestidas inagotables al que le costó cogerle la distancia y entender su noble y brava acometida. Manuel le citó de lejos, le dejó la tela en la misma cara y tiró del toro con muletazos diestros templados, incluso algunos ligado y, eso sí, muy desajustados. Peor al natural, con excesivos punteos en la tela y más para afuera que para adentro. Faena larga, muy dispar y que terminó con un bien trazado remate de pecho. Una estocada y dos descabellos necesitó para finiquitar a otro buen toro, de la que será, sin duda, la mejor corrida de esta discreta Feria que toca a su fin.

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