Rafael Fenoy Rico | Secretario de Comunicación Educación de la Confederación General del Trabajo (CGT)
Muchas personas manifiestan cierta sorpresa cuando oyen algo relacionado con la Renta Básica. En principio es comprensible la reacción, no ya sorpresiva, sino descreída, cuando de dar dineros se trata, sin más condición que haga mucha falta y sobre todo que sea el Estado o las administraciones públicas quienes lo den. Y es que aquel, como aquellas, se caracterizan por todo lo contrario, por recaudar dineros y no darlos. El saber popular es certero cuando no acaba de creerse esta dadivosa propuesta, sobre todo cuando los políticos, dicen y dicen ¡y vuelven a decir!, que las arcas están vacías o, peor aún, en números de un rojo bermellón intensísimo.
Pero no hay que dejarse llevar de las apariencias, ya que ellos siempre cobran y sus allegados también. Más aún cuando a quienes quieren bien les piden poco, las SICAV (sociedad de inversión de capital variable), que por ejemplo tiene una tributación para los rendimientos y plusvalías de la sociedad del 1%. Bastante menos que el porcentaje que se aplica al común de los contribuyentes. Además, ocultan las grandes bolsas, a modo de verdaderas betas o depósitos, que atesoran las plusvalías requisadas al pueblo y acumuladas durante generaciones y generaciones. Miles de años recaudando y acumulando las energías en forma de productos, edificios, obras de arte, tesoros, joyas, tierras, riquezas minerales y naturales inmensas.
Precisamente en esta tierra andaluza su Estatuto contiene más que una referencia a este concepto de Renta Básica. Concretamente el artículo 23.2 del mismo dice lo siguiente: “Todos tienen derecho a una renta básica que garantice unas condiciones de vida digna y a recibirla, en caso de necesidad, de los poderes públicos con arreglo a lo dispuesto en la ley”.
Es imprescindible púes afirmar con fuerza, convencidamente, de que la realidad de una Renta Básica es demás de posible, justa y necesaria. En esto se aplica PODEMOS, en exclusiva, de cara a las elecciones generales del próximo 20 de diciembre, incluyendo este punto en su programa económico. Es de interés conocer el documento «Un proyecto económico para la gente» presentado por los profesores Vicenç Navarro y Juan Torres, en el que se proponía la existencia de una renta en forma de subsidio. El programa de PODEMOS pretende ir más allá con la intención de convertirla en instrumentos de redistribución de la riqueza para prevenir y erradicar la pobreza. Se ha venido desarrollando, desde hace años, varias propuestas, ya que es complejo definir un modelo. De hecho hay quien define requisitos para su desarrollo, como por ejemplo: Conjurar el peligro de abusos. Las personas profesionales de la mendicidad, de la vagancia, aprovechándose del trabajo de los demás no deben acceder a ella. Además debe estar ligada a la prestación de servicios sociales, de suerte que quienes la reciben se sientan orgullosos de aportar sus capacidades al bien común y no recibir “limosnas”. La amplitud de la deprivación en más de ocho millones de hogares que, según se dice, se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, es consecuencia directa de la falta de empleo y de las políticas excluyentes que han desarrollado las clases adineradas.
Si se pretende explicar el programa de Podemos, es imprescindible que la mayoría de las personas que son contribuyentes, especialmente autónomos o trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena, tengan claro que esto de la Renta Básica no será “café con leche” para todos los listos de turno y si la necesaria respuesta social a familias con graves problemas para subsistir. Plantear la renta básica como un derecho universal “salga el sol por Antequera”, aunque se pudiera sostener éticamente sería inaceptable para el conjunto de quienes deben apoyar electoralmente la opción de Podemos, si es que esta formación desea llegar a gobernar algún día.
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