Un público tan variopinto como el cine que ve


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Texto: Sebastián Ruiz

Foto: Hervé Bonnaud

Tarifa es en estos días un tapiz humano y heterogéneo. Algunos visitantes, atrapados por el viento que sopla de levante, dejan atrás proyectos de lo más variopintos, o los inician donde empieza este puente de 14 kilómetros hacia África. Ellos son los verdaderos consumidores del festival que exprimen su esencia. El público es tan diverso como el cine que se ve. Pero todos comparten su pasión por el cine.

Es el caso de Abraham y Kervala. Él de Ayamonte, Huelva, ella de Santa Cruz, México. La iniciativa que tienen entre manos es llevar música, danza, cine y circo a las comunidades nómadas del desierto del Sahara. “Aparcamos nuestra furgoneta donde vemos que podemos desmontar el chiringuito y les enseñamos, por ejemplo, una película de Charles Chaplin”, explica Abraham mientras muestra un libro donde aparece el guión de un largo de ficción.

A poco pasos de la antigua Cárcel Real, José Antonio González está apoyado en una casa abandonada observando una de las imágenes del certamen PHOTOAFRICA. González también se dedica a la fotografía y desde hace cuatro años tiene una cita en la localidad tarifeña. Ha estado varias veces en el continente vecino realizando reportajes para distintas oenegés. Y su inquietud se ha incrementado gracias a las películas que se proyectan en el festival de cine africano. “Recuerdo que antes los nombres de los directores no me sonaban de nada. Ahora, al menos, comprendo el transfondo de las películas al conocer la realidad de la que vienen los propios directores”, comenta el fotógrafo malagueño.

Pero no todos los que pasan por Tarifa esta semana son cinéfilos o incluso amantes del cine africano. Más bien, es una oportunidad para tener otra visión del séptimo arte. “Esto es una lotería, no tengo ni idea del argumento de las películas, pero siempre está bien conocer otras culturas a través del cine”, apunta el onubense Carlos del Campo.

Y entre la gente de la comarca, y los visitantes que se suman para impregnarse de los nuevos olores y sabores que ofrece la pantalla están Patrick, Mary y sus tres retoños. Ellos vienen desde Algeciras con la organización Colectivo la calle. Han dejado atrás una historia complicada y tortuosa antes de poner los pies en España. Llegaron a las costas andaluzas en patera y ahora, desde este lado de la orilla, analizan los problemas de su país, Zimbawe. Encontrar trabajo en la Península no es nada fácil, pero Patrick, de 29 años, dice que “la crisis en España es muy complicada pero es mucho mejor que en mi país. Allí dormía en la calle y pasaban varios días sin llevarme nada a la boca para comer”. “La mejor manera de acercar lo que pasa en África al espectador es hacer este tipo de festivales”, sentencia Mary.

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