Corruptos y Marionetas: La Espiral del Silencio

 

Ángel Tomás Herrera | Licencia en Derecho

Silencio, imposición, cobardía, desvergüenza, ignorancia, aborregamiento, pasotismo… Muchos podrían ser los calificativos que podíamos dar a la actitud social de este tiempo, donde los graves problemas laceran nuestras vidas, convertidas en un pusilánime intento de esperanzas fallidas y movimientos estertores.

En un país de titiriteros acusados de apología del terrorismo, donde se incautan marionetas y embargan casas a los empobrecidos por una crisis planificada, resulta complicado vivir y alzar la voz. Siempre resulta arriesgado sobrevivir en un país de pertinaz corrupción y mafias sin parangón, sin morir en el intento o pedir un visado permanente en la Polinesia Francesa. Donde no existe justicia ni gobierna la razón de la mayoría, donde se practica el aislamiento de los que tienen opinión propia y lo dicen, resulta francamente suicida respirar y caminar a diario.

Ya decía Quevedo que “ donde no hay justicia, es un peligro tener razón ”, y tenía más razón que un santo. Yo, como ustedes, me he preguntado muchas veces porque se vuelve a votar a ladrones, porque no se genera empleo y se sigue enriqueciendo a los bancos y a los que han pintado nuestras vidas de gris. Dejando a un lado la creciente ignorancia y el pasotismo generalizado, que causas maléficas sobrevuelan nuestras cabezas para despreocuparnos por lo importante, y dejarnos la cabeza y el corazón por estupideces.

Quizás alumbre nuestras dudas sobre todo este debacle la llamada teoría de la “Espiral del Silencio”, que fue dada a conocer en el año 1977 por Elisabeth Noelle – Neumann. Las opiniones de Noelle siguen plenamente vigentes hoy en día. Los medios de comunicación y las redes sociales, bajo el traicionado principio de libertad de prensa y la hipocresía generalizada, están encauzando la opinión pública hacia un callejón sin salida.

En resumen, la teoría de la espiral de silencio propone que las personas, ante el temor al aislamiento social, muchas veces adoptan sus opiniones y comportamientos hacia la tendencia mayoritaria para conseguir aceptación social, aunque esas opiniones o comportamientos no sean verdaderos o adecuados. Sostiene que cuanto más se difunde la versión dominante por los medios de comunicación, más guardarán silencio las voces individuales contrarias, con lo que se produce un proceso en espiral o bucle de retroalimentación positiva. Con estos postulados, podemos comprender porque imperan regímenes económicos y políticos insostenibles social y medioambientalmente hablando. También podemos comprender porque ganan elecciones partidos corruptos hasta sus entrañas; porque a nivel local vuelven a regir los destinos de muchos pueblos los inútiles y pérfidos de turno; porque no despegamos y evolucionamos; porque nos desesperamos y fenecemos en la miseria y la ignorancia, o porque no somos críticos y personas con sentido común ( catalogado en peligro de extinción ).

A esa espiral de silencios y voluntades fingidas debemos añadir la omnipresente fuerza de los medios. Como ya profetizase Orwell, cuando en los medios de comunicación importa más el negocio o los billetes que la noticia, la verdad ya no importa, adquiere un papel secundario, de convidado de piedra. Los medios de masas, filtrados en las redes sociales o estampados en papel couché, son coautores necesarios de la decadencia y corruptela política que nos carcome desde hace más de 30 años. Son los detentadores del poder los que pretenden siempre controlar los medios, para reconducir el pensamiento y la acción de las personas, marionetas teledirigidas, derviches de un futuro incierto, rebaño.

Parece ser que ese miedo al aislamiento social, y la acción combinada de los medios y la falta de voluntad crítica, están dando como resultado la aceptación generalizada de las opiniones de una minoría poderosa, que siempre arrima su sardina al ascua, y sabe bien hundirle la vida a quienes se atreven a contar las verdades del barquero. Pero todo no se resume en trampas, engaños y manipulaciones. Como reconocía Noelle, en esa espiral de silencio social siempre existe un denomina “núcleo duro”, es decir, algunos individuos que al ser presionados, no sólo no se vienen abajo, sino que se reafirman y persisten en sus opiniones.

Seamos pues el “núcleo duro” – no nos queda otra – y persistamos en nuestras opiniones, acertadas o no. Tener libertad de expresión en mundo de marionetas y corruptos poderosos, es tanto un gesto de heroísmo como un acto de honradez con nosotros mismos. Como escribió Orwell, en nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia. Si tenemos que ser personas sociales y superar tantos retos, si tenemos que reconstruir lo destruido, que es tanto, no podemos sucumbir en el reino del silencio mediatizado y la mediocridad.

El miedo al aislamiento es la fuerza que pone en marcha la espiral del silencio. No tengamos miedo a gritar lo que pensamos. No tengamos miedo a ser nosotros mismos, sin ataduras, sin condicionamientos.

“En una época de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario”. GEORGE ORWELL.

 

 

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