José Antonio Ortega | jaortega@jaortega.es - www.jaortega.es
Me comentaba alguien el otro día muy cercano al PA que Jorge Romero tiene planeada una campaña con la que seguro gana las próximas elecciones de 2015. Y me lo creo. Me creo, quiero decir, lo de que tiene planeada la campaña, no que vaya a obtener la victoria en los comicios locales del año que viene. Espero.
De hecho, el regidor, y futuro alcaldable andalucista, ya ha encendido los motores y se ha puesto en marcha inaugurando, una semana sí y otra también, calles y plazas, construidas desde hace años, que no lo habían sido todavía hasta la fecha. Entre otras razones, porque junto a la deuda los anteriores gobernantes –dicho sea en su descargo– también dejaron en herencia alguna que otra obra ya realizada, además de algún que otro patrimonio que poner en valor. La parcela Z-09 o el recinto ferial, por ejemplo. Y supongo que cuando se quede sin calles y sin plazas que inaugurar, si es que se queda, el señor Romero optará por cambiar nombres de las inauguradas tiempo ha y se pondrá a reinaugurarlas, para sacarle el mayor rédito electoral posible.
Después de todo no es culpa suya ni de su equipo de gobierno –la verdad sea dicha– que el Ayuntamiento apenas haya tenido para obra en la que invertir en lo que va de mandato. Si se exceptúa el arreglo realizado en el Paseo, a instancias de Diputación, el levantamiento de algún módulo de nichos en el cementerio, la chapuza de arreglo en una de las vías de acceso a la variante de la A-381 y no mucho más.
Lo he afirmado infinidad de veces y lo repito. En lo que a camelar al personal para que le vote el tipo es un consumado maestro. Y, si no lo creen, pregunten, entre otros, a muchos de esos trabajadores a los que despidió hace dos años y mandó al paro con una mano delante y otra detrás.
De todos es sabido que para triunfar en política, más que en algunos otros ámbitos de la vida en sociedad, hay que tener la cara cuando menos algo dura. O ser bastante echado para adelante, si lo prefieren. Y resulta que echado para adelante sí que lo es el actual primer edil de Los Barrios. Dicho sea sin ánimo de ofender, sino más bien todo lo contrario. Cualidad ésta que le distingue y que puede confundirse con lo que llamamos valentía, aunque no son la misma cosa ni de lejos.
A fin de cuentas, la dedicación a lo público exige no mucha vergüenza, escaso sentido del ridículo y ningún miedo escénico, que diría Valdano, porque se trata de una actividad que tiene mucho de teatro. Ustedes ya me entienden.
El caso es que el señor Romero está estos días que no cabe en sí de gozo. Se siente como un crío que luce zapatos nuevos. Aunque lo que en realidad estrena es plan. No me malinterpreten. Me refiero, cómo no, al plan de ajuste. El que le han diseñado a la carta desde Hacienda para sanear las cuentas del Consistorio. A saber, un compendio de medidas económicas entre las que se contempla más impuestos, más privatizaciones y reducción de servicios para los ciudadanos. La panacea que libra al municipio barreño de la ruina en la que lo sumió el PSOE y que el susodicho va vendiendo por ahí como si se le hubiera ocurrido a él solito, gracias a lo aprendido en los cursos sobre gestión de la administración local hechos por gentileza de la FEMP.
¡Dios! ¿Qué habría sido del destino de este pueblo si este hombre no hubiera venido al mundo? No sé si los vecinos están peor o mejor que hace tres años, pero lo que sí sé es que, si no hubiera sido por la proverbial y providencial intervención de tan magnífico alcalde, los parados de la Villa no tendrían, como hoy tienen, enchufe para trabajar en la recogida de la fresa, si lo desean. Lo que no es poco, digan lo que digan.
Menos da una piedra.
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