A pesar de la polémica presencia de Algeciras en los medios nacionales, la actividad municipal debe transcurrir. En esta ocasión está prevista para el próximo sábado día 24 —si no hay novedades dada la «tormenta» política desatada— la celebración del nombramiento del Cristo de Medinaceli como regidor perpetuo de la ciudad de Algeciras. Este nombramiento de regidor perpetuo (alcalde), como el de la otrora regidora perpetua, la Virgen de la Palma, permite reflexionar sobre algunos aspectos teológicos de ambos eventos. Tiempo habrá para, en otro momento, analizar el aspecto político-electoral de estos acuerdos adoptados por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Algeciras. Contando con el único constitucional que corresponde a la persona del alcalde, en esta ciudad hay tres bastones de mando.
Más allá de las consideraciones políticas, vaya por delante la enhorabuena a la Hermandad del mencionado Cristo. El controvertido acuerdo municipal supone el reconocimiento de la influencia cultural que la talla del Cristo proyecta sobre la ciudad. No en vano es la cofradía de mayor calado devocional de Algeciras. Los pasos que procesionan tienen como titulares a «Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli» y a «María Santísima de la Esperanza». Conviene situar el origen de la Venerable Cofradía Salesiana en septiembre de 1943, bajo la advocación de la imagen del Cristo que desde el siglo XVII reside en la Casa Ducal de Medinaceli en Madrid.
Las personas que tienen fe en esa talla saben de Jesús de Nazaret y de las nulas relaciones que tenía, según los evangelios canónicos, con los poderes políticos del momento. No aparece en esos textos evangélicos que recibiera subvención alguna, ni del Sanedrín, ni de Herodes, ni de Poncio Pilatos. Tampoco Jesús utilizaba dinero alguno; es más, protagonizó la más rotunda crítica a los cambistas en la «purificación del Templo». Este pasaje se recoge en los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento (Mateo 21:12-13, Marcos 11:15-17, Lucas 19:45-46 y Juan 2:13-16). Otra referencia clara por lo sencilla se encuentra relatada en Mateo 22:15-22, Marcos 12:13-17 y Lucas 20:20-26. Por otro lado, la frase «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» es rotunda y traza un itinerario para quienes optan por ser discípulos de Jesús. Tiempo habrá también de analizar los dineros públicos que recibe del Ayuntamiento de Algeciras el Consejo de Cofradías o los 10 000 euros que costará al pueblo de Algeciras en su conjunto el acto institucional del 24 de octubre.
Ni dinero ni honores pueden relacionarse con Jesús de Nazaret. ¡Sí, ese mismo Jesús al que se pretende nombrar «Regidor Perpetuo»! Cuando, después de la multiplicación de los panes, el pueblo quiso proclamarlo rey, ¿qué hizo ese Jesús (Cristo de Medinaceli)? En Juan 6:15 se dice: se retiró a la montaña en soledad. En Mateo 20:26-28 lo deja muy claro: «El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor… porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir». Y en Juan 18:36 remacha definiendo la naturaleza de su ministerio: «Mi reino no es de este mundo». Más aún cuando entre los 1752 cánones que componen el Código de Derecho Canónico no existe ninguna referencia a cargos políticos o institucionales atribuidos a Jesucristo, la Virgen María o los santos. ¿Por qué tanto empeño en asociar a Jesús de Nazaret con la Alcaldía Perpetua? ¿Qué saca el Grupo Popular que gobierna Algeciras de tanto mezclar política y sentimientos religiosos?
Antes que la invocación a la «cultura popular», que parece ser el fundamento del nombramiento, está el mensaje de Jesús de Nazaret, que en los evangelios es «Cristo». La tutela teológica de la Iglesia Católica podría orientar a los fieles para que no confundan la fe con otros aspectos más mundanos. No ha sido el caso, ya que esta iniciativa política cuenta con el visto bueno del Obispado de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.
¿Regidor Perpetuo de la Ciudad de Algeciras? Las contradicciones teológicas con el mensaje de Jesús de Nazaret son más que evidentes. Que las personas que dirigen el Ayuntamiento desconozcan estas implicaciones podría ser explicable, dado el grado de confusión de lo político, castrense y religioso de la cultura ancestral castellana. Más difícil de comprender es que esta iniciativa no sea interpretada por todos los estamentos cofrades como estrategia de un grupo político. Otro gallo cantaría si el pleno del Ayuntamiento, por unanimidad, hubiera aprobado conferir a la cofradía una merecida distinción, una mención honorífica. Al rebasar el ámbito mundano de la cofradía y pretender transferir esta distinción al mismísimo Cristo, se estaría bordeando la herejía.
La vida de las hermandades, definidas por la Iglesia Católica como asociaciones públicas de fieles, se sustenta en tres pilares esenciales: a) Comunidad de fe: Las hermandades no nacen como clubes sociales ni como agrupaciones culturales, sino como comunidades de fe que se vive en comunidad, tanto en cultos como en procesiones, donde se hace pública manifestación de la fe en Jesús. b) Fin caritativo y social: Mirar hacia los otros, los semejantes. Este es el origen del nacimiento de muchas cofradías desde la Edad Media (gremios) hasta bien entrado el siglo XX. c) Fin fraterno y comunitario: Mirar a los próximos, a las hermanas y hermanos para el apoyo mutuo en lo material y espiritual.
Que quienes creen puedan formar cofradías para estos fines es loable, dado su carácter social y de apoyo mutuo, además de que en libertad se reconforten en la fe en Jesús de Nazaret. El reconocer el papel social y cultural de una cofradía es compatible con el sentido laico de la acción de gobierno político. Sin embargo, hacer entrega del símbolo de la autoridad municipal —que representa a toda la población de Algeciras— a una talla, el símbolo más entrañable de una fe determinada, es una desconsideración hacia el común. No es el momento de entrar en confrontación con quienes desde su fe, y sin más consideraciones teológicas, aplauden esta iniciativa del grupo popular de Algeciras. Los comentarios de algunas personas que se definen hermanas de la cofradía tampoco van por buen camino al atribuir «odio a la religión» a quienes manifiestan en libertad que en una sociedad laica los dineros públicos no deben aplicarse a iniciativas religiosas. La manifestación de la fe, como un derecho de cada cual —porque todas las personas tienen fe—, debe ser defendida incluso por quienes no la comparten, porque de esta manera se defiende el derecho de cada persona a manifestar sus creencias, siempre que no pretendan imponerlas a los demás.
La pregunta queda en el aire: desde la fe en un Jesús de Nazaret resucitado, ¿Podrá este Jesús experimentar algún sentimiento al ser nombrado Regidor Perpetuo (la referencia temporal se las trae) de la ciudad de Algeciras?
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