La noche llegó en silencio, mutilando sombras de tulipanes y peonías, arrasando un valle sembrado de vida, apagando un horizonte azafranado y bello.
Se fue el color, se borró el brillo y se apagó la sonrisa a la que recuerdo peinada de largas trenzas recorriendo las calles encaladas con olores a tahona, incienso y picón.
Infancia de carreras con sandalias blancas y complicidades obligadas por la ausencia de abundancia y la conformidad de lo preciso. Así creció, entre juegos, risas y sueños de princesas ante el espejo que un día le sorprendió con un cuerpo de mujer de piel cándida y espíritu inocente. Pasó de puntillas para no molestar y dejó un reguero de valores envidiados.
Hoy vengo a pedirte cuentas. Vengo a retar en duelo al tiempo. Vengo envuelto en luto, sangrante e injusto para vaciar el desconsuelo que me ahoga. Se fue en la madrugada, se la llevó el frío alba, se la llevó temprano, sin despertar. El amanecer trajo el llanto de dolidos y huérfanos levantando a un pueblo dispuesto a devolver parte del amor recibido.
Se derrumbó ignorando la sentencia, incompleta de proyectos, rodeada de duelo y lamentos bajo fluorescentes parpadeantes y dosificaciones inocuas con la que regó sus últimos sueños.
Así se fue, sin lágrimas, en silencio,
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