El análisis documental pone de relieve que la administración de esta plaza fronteriza fue una pieza clave en el tablero estratégico de los reyes Alfonso XI y Pedro I, quienes utilizaron los cargos municipales tanto para premiar servicios diplomáticos como para asegurar el control militar del Estrecho frente al empuje del Reino de Granada.
La organización del nuevo concejo municipal
Tras la rendición de la ciudad en 1344, Alfonso XI implementó una estructura administrativa de gran calado. Algeciras fue integrada en el reino de Sevilla, recibiendo el fuero hispalense y los privilegios propios de las ciudades regidas por el fuero de Toledo. El gobierno local se organizó mediante un cabildo constituido por doce regidores vitalicios: seis hidalgos y seis caballeros.
A estos regidores se sumaban oficiales mayores como los dos alcaldes mayores, el alguacil mayor y los jurados de las distintas collaciones o barrios de la ciudad. Las fuentes mencionan que figuras como Alvar Pérez de Guzmán, señor de Olvera, fueron designados como alcaides y guardas mayores desde los inicios de la ocupación, destacando su perfil como caballeros experimentados en las “cosas de la guerra”.
Perfiles destacados: entre la diplomacia y el campo de batalla
El estudio de Ortega Espinosa rescata figuras hasta ahora poco conocidas por la historiografía general, pero fundamentales para entender la gestión de la plaza:
- Alvar García de Illas: Alcalde mayor en 1344, destacó por su labor diplomática. Formó parte de la embajada enviada ante el Papa Clemente VI en Aviñón para solicitar apoyo en la campaña contra la Algeciras musulmana.
- Gutierre Fernández de Toledo: Fue nombrado tenente por Pedro I en 1350 como recompensa por reducir la ciudad tras una ocupación de los partidarios del Conde Enrique. En aquel entonces, ostentar este cargo se consideraba “muy gran cosa”.
- Garci Fernández Manrique: Rico-hombre y Adelantado Mayor de Castilla, ejerció la tenencia y gobierno de la ciudad entre 1355 y 1360. Su nombramiento demuestra que el cargo era un refugio de honor tras ocupar los puestos más altos de la Corona.
Tensiones políticas y la caída de la ciudad
La gestión de Algeciras no estuvo exenta de las intrigas de la guerra civil castellana. Uno de los episodios más dramáticos fue el de Gómez Carrillo en 1360. Su nombramiento para la tenencia fue en realidad una trampa de Pedro I; el caballero fue prendido en la galera que lo transportaba a Algeciras y decapitado, enviándose su cabeza al rey en Sevilla.
Hacia el final del periodo, la ciudad sufrió el azote de la guerra, la peste y la crisis económica, necesitando suministros constantes de grano desde Sevilla y Jerez para subsistir. El último responsable registrado fue Alfonso Fernández Portocarrero, un influyente noble sevillano que ostentaba el cargo de alcaide en 1369. Según los anales de la época, fue él quien rindió la plaza ante el rey Muhammad V de Granada el 27 de julio de aquel año, marcando el fin de la etapa cristiana de la ciudad medieval.
Unos apuntes sobre los regidores de la Algeciras cristiana medieval (1344-1369) se puede leer íntegramente en el número 61 de la revista Almoraima que edita el Instituto de Estudios Campogibraltareños (IECG).
Etiquetas:




