No reconocer la situación que en muchos aspectos vive la sanidad pública es cerrar los ojos ante la evidencia. Tampoco se trata de extender discursos con color partidista y al final no llegar a conclusión alguna.
Ocurre en todas las comunidades, pero a nosotros nos afecta la de nuestra tierra, la que vivimos en primera persona.
La experiencia personal es el mejor testimonio. Y los ejemplos se multiplican a nuestro alrededor. Ejemplo de ello es que para la consulta de Traumotología del Hospital del La Línea, las citas que se estaban cursando eran las de finales de 2023, tal como se informaba en el control de este servicio.
Quiere decir esto que muchos usuarios se ven abocados a buscar salida en la sanidad privada, con el consiguiente desembolso económico en consultas y pruebas médicas o abonarse a alguna de las aseguradoras privadas, que viven en la actualidad su gran momento. Gastos que la mayoría de los ciudadanos no pueden afrontar. Las patologías empeoran y la angustia de los pacientes va en aumento.
La sanidad pública es el gran logro del estado del bienestar, la que atiende a todos por igual. Cuenta con grandes profesionales en todos los sectores que merecen todo el reconocimiento.
En este sentido, tiene que ser dotada de recursos suficientes: humanos y económicos. Si para ello hay que reducir otras partidas de las que consumen importantes cantidades de dinero público, hágase sin dilación. Esa debiera constituir la principal tarea.
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