EN ROJO Y NEGRO

Legión de poderes públicos pro católicos

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Al entrar en las entrañas de la Semana Santa inmediatamente se topa con los sentimientos, profundos, intensos, de quienes de verdad la sienten, fieles o cofrades. Estas personas son dignas de reconocimiento al vivir coherentemente con su FE. La presencia de poderes públicos, civiles y militares, en actos religiosos en general y más en concreto en las manifestaciones públicas multitudinarias de la Semana Santa, ha sido motivo de no pocos comentarios, estudios y debates. Parece de interés analizar la relación de los poderes civiles y militares con las manifestaciones religiosas católicas. Desde el edicto de Milán siglo IV, el cristianismo fue asumido por los poderes imperiales como religión oficial del “Estado”. Esto supuso la negación del principal mensaje que, el propio cristianismo sostiene, trajo el mismo Jesús de Nazaret. Quienes creen en el Jesús que reflejan los evangelios, se encuentran con el “Cristo”, un Jesús hombre-dios, que tenía bastante claro que: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18-36) o “dad al Cesar lo que es del Cesar” (Mateo 22, 15-21). Las hermandades se aprestan a realizar sus estaciones de penitencia y el viacrucis comienza con la Oración del Huerto, momento esencial de la fe cristina, que supone abandonarse a la voluntad del “Padre”, aunque se conoce el fin. Para después rememorar el prendimiento y el juicio de la jerarquía religiosa de su tiempo, el Sanedrín. ¿Podría considerarse un secuestro de este Jesús-Cristo, que se proyecta de manera extraordinaria a lo largo de los últimos 2000 años, por las estructuras poderosísimas civiles, militares, monárquicas y eclesiales? ¿Incoherencias? ¿Cómo la esencia de ese Jesús, que trasmitía en su tiempo un mensaje de amor, de paz, de hermandad, ha podido ser tan manipulada? En su nombre se han desatado guerras, persecuciones, horrores… Y en su nombre se concitan poderes públicos civiles y militares para “rendirle honores”. Un ser que nada quiso para sí, que liberó a sus semejantes de mediadores hacia “su Dios” (Padre nuestro – Mateo 6:9-13). Que denunció y expulsó a los mercaderes del templo… Que… Y es un no parar de actos llenos de bondad y de ayuda a sus semejantes. ¿Cómo es posible que el mundo católico cristiano rememore la pasión, muerte y resurrección de ese Jesús, con fusiles y militares cuyo himno enaltecen a la muerte? Fue y sigue siendo una atrocidad que desde el citado edicto de Milán los emperadores utilizaron la cruz para arengar a las tropas en sus conquistas, o que con la cruz se bendijeran, y se sigue haciendo, a las huestes guerreras para que triunfara la fuerza y se desangraran los pueblos “enemigos”. La memoria histórica de aquella masacre incivil que constituyo la guerra española permite rememorar al mismísimo Papa Pio XII que en su telegrama a Franco no deja lugar a dudas: “Levantando nuestro corazón al Señor, agradecemos sinceramente, con V. E., deseada victoria católica España. Hacemos votos porque este queridísimo país, alcanzada la paz, emprenda con nuevo vigor sus antiguas y cristianas tradiciones, que tan grande le hicieron. Con esos sentimientos efusivamente enviamos a V. E. y todo el noble pueblo español, nuestra apostólica bendición. PÍO PAPA XII.”. Chirria, ahora más que en tiempos pretéritos, el persistente deseo de las jerarquías civiles y religiosas, de establecer una relación inequívoca entre fe católica y los poderes públicos. Porque de esta forma se pretende imponer a TODA la ciudadanía ritos que deben ser vividos en libertad y con todo el derecho por quienes en ellos creen. Alguien puede concluir que este texto pretende negar el derecho de las personas a manifestar su FE. Nada más lejos del análisis que se realiza. Lo que escandaliza en estos momentos, no son los actos procesionales en sí, sino: A) La influencia política que en ellos se filtra y se presta a actos electoralistas. B) Las incoherencias evidentes de la jerarquía eclesial, que después del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965, no haya asumido el mensaje de un Jesús que predicaba la honestidad, la verdad, la hermandad, llegando a definir que sólo ayudando a los demás es posible encontrarlo. Y hay quienes se preguntan desde la fe en ese Jesús-Cristo, ¿Para qué tanto gasto, tanta pompa, tanto boato? ¿Qué costos, no sólo en dineros, suponen los cortejos procesionales? Si esa energía humana y económica se aplicara a la hermandad, a la ayuda a quienes lo necesitan, ¿No sería más agradable a los ojos de Jesús y María, su madre? Cómo es posible olvidar aquello de “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Y al contrario “«En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna» Mateo 25. ¿A quién ayuda tanta parafernalia? Al sector turístico evidentemente, pero quienes de verdad creen ¿de verdad realizan este colosal esfuerzo por eso? ¿Es que ya no vale aquello que escribe Mateo en el versículo 6:3: ‘Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha’? Quienes se sienten profundamente creyentes y seguidores de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, ¿Deberían reflexionar sobre cómo se desarrolla la Semana Santa? En el seno de la Iglesia Católica hay muchas personas que en nada comulgan con estos fastos procesionales y que viven o pretenden vivir, la cruz pesa un montón, en hermandad con sus semejantes cada día. A estas personas les chirría y mucho, las escenografías que están vacías de amor al prójimo. Les chirría la presencia de políticos que no se comprometen con las gentes mas necesitadas, que permiten que familias queden en la calle, por desahucios, sin hogar, porque se les cae el techo, sin alimentos. Que no hacen nada para que las nuevas generaciones puedan emanciparse mediante un trabajo digno o las personas de edad avanzada puedan recibir la ayuda que precisen, o la salud o la educación sean privilegios de quienes más tengan… Y les chirría también que las “fuerzas armadas” se relacionen con acontecimientos protagonizados por aquel, que hace 2000 años, aborrecía la violencia. Mateo 26:52-53 “Guarda tu espada, porque al que mata con espada, con espada lo matarán”. Le chirría aún más que se cante en momentos que conmemora el mayor sacrificio que se pueda hacer por los otros, dar la vida, aquello de “soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera”. Y aunque tuviera algún sentido esta canción, compuesta en la España de 1921 días antes del desastre de Annual, hace mucho tiempo este “himno” está fuera de contexto, por más que se pretenda lo contrario. La liturgia de la muerte representada por la Legión, es la antítesis de aquello que se pretende evocar, con la manifestación pública de la pasión, muerte y resurrección de Jesús-Cristo. Precisamente porque con su resurrección, dice la propia Iglesia,  nos salvó – a la humanidad entera- de la “Muerte Eterna” Y las personas que viven su fe en ese Jesús, que no aspira a poder terrenal alguno, que se ofrece en “sacrificio” por la salvación del mundo, se preguntan: ¿Por qué la presencia de representantes del poder, civil y militar, en estos actos religiosos? Y es que parece evidente las connotaciones político-electoralistas de la presencia institucional de quienes deben representar al común (Laico). Más aún cuando la Constitución de 1978, en el artículo 16, concreta en su punto 3 lo siguiente: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones. ¿De verdad mantener las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones conlleva la presencia de los poderes civiles y militares en los actos religiosos católicos? ¿Qué sería razonable entender por “tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española? En la puesta en escena de la Semana Santa, y en otras conmemoraciones multitudinarias religiosas católicas, ¿De verdad los políticos, que ostentan los poderes públicos, “tienen en cuenta” las creencias religiosas de TODA la sociedad española?  

 

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