Los molinos hidráulicos harineros de Los Barrios

Las arquitecturas rurales tradicionales son esenciales para comprender los valores del territorio y el paisaje a lo largo de la historia. Este patrimonio está ampliamente representado en Los Barrios, en sus montes, valles y costas podemos apreciar las huellas que han moldeado el territorio a causa del duro trabajo de las personas que han habitado esta tierra a lo largo de los siglos.

Los cortijos, eras, fuentes, abrevaderos, pozos, caminos, lagares, norias y molinos se encuentran diseminados (pero conscientemente situados) a lo largo del término municipal. Además, no podemos dejar de mencionar los bosques, donde el descorche y el carboneo, han sembrado de alfanjes la tierra y han esculpido los árboles.

Este artículo tiene como fin, hacer una breve aproximación a una parte de este rico patrimonio con el que cuenta Los Barrios, los molinos hidráulicos harineros construidos a finales del siglo XVIII y siglo XIX. Los molinos hidráulicos harineros son aquellos movidos por la energía del agua. Para aprovechar dicha fuerza, es necesario construir los molinos sobre un cauce de agua o bien en las cercanías de un río o arroyo. También, se construye una alberca para poder acumularla y asegurar el suministro de agua, ésta llega hasta el molino por un canal o acequia y cae por un cubo, atraviesa la saetilla y acciona el rodezno ubicado bajo la bóveda del cárcamo. El rodezno o rueda hidráulica horizontal que recibe el impulso del agua, traduce la presión o empuje en movimiento rotatorio y lo transmite a la rueda superior. Así es como, gracias a esta fuerza motriz se acciona el empiedro, que está formado por dos grandes ruedas de piedra dura labradas con maestría superpuestas en posición horizontal, ambas de igual diámetro. La rueda inferior permanece fija (solera) y a la superior (volandera) es la que recibe un movimiento de rotación sobre su propio eje activado por el rodezno. El diseño los rodeznos de madera eran desmontables ya que así permitían que una cuchara rota pudiera ser sustituida manteniendo el conjunto. Las cucharas se fabricaban utilizando un mismo modelo. Asimismo, la rueda volandera tiene unos grabados en la superficie de contacto, o cara inferior, unos surcos radiales llamados regatas que deben remarcarse cuando el desgaste provocado por el continuo uso dificultaba la molienda del trigo.

Actualmente, el municipio cuenta con ocho molinos hidráulicos harineros en diferentes estados de conservación: Molino de Cachones (arroyo de Botafuegos), Molino de Benharás Bajo, Molino de Benharás Alto (ambos en el arroyo de Benharás), Molino del Raudal, Molino de Enmedio, Molino la Molinilla (los tres junto al arroyo del Raudal), Molino de las Navas (arroyo de Garganta de los Molinos) y Molino de la Teja (arroyo de la Teja).  No obstante, las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento nos permiten afirmar que hubo al menos diez molinos harineros en Los Barrios, pues a estos ocho habría que sumar el Molino de Fuego (río Guadarranque) y el Mollino Viejo de la Teja (arroyo de la Teja), ambos actualmente desaparecidos. Sin embargo, la investigación sigue abierta y la información que hasta ahora tenemos sigue creciendo día a día.

Así pues, cuando situamos sobre plano los diez molinos lo primero que apreciamos es que todos están ubicados junto a una vía pecuaria, cordel o vereda, es decir, un camino, un nexo de unión. Empezaremos en primer lugar por el Molino de Fuego, situado en el margen izquierdo del río Guadarranque, en este molino confluían la Vía Pecuaria San Roque- Medina, el Cordel del Puerto a las Tres Cruces a San Roque y si cruzamos el río siguiendo la vía pecuaria hacía San Roque, el camino enlaza con la vereda a Castellar. En segundo lugar, el Molino de Los Cachones, se encuentra al píe del cordel de Algeciras, donde se une el cordel del Molino de Los Cachones que conecta a su vez con la unión entre el cordel de la Cabra y el cordel a Los Barrios, y si ascendemos llegamos al cordel de la Grulla a la Estación. En cuarto lugar, los dos molinos de Benharás, ambos están cercanos a la vereda del Mesto que conecta con la del Estudiante. Si continuamos ascendiendo por la vereda del Estudiante llegamos a los molinos de Enmedio, el Raudal y la Molinilla, al conectar con el cordel del Jaramillo a Tarifa. Asimismo, los dos molinos de la Teja se sitúan junto al cordel del Moral a Alcalá. Por último, el molino de las Navas, aunque actualmente ninguna vía llega hasta él, estaba situado próximo a las coladas de Caparroso y de la Cebada, debiendo haber estado unida por algunas otras vías a los caminos principales más cercanos, al este con el Cordel del Moral a Alcalá y al oeste con la cañada del Tajo del Castillo.

Molino de los Cachones, por A. Álvarez

Así pues, los molinos se encuentran situados en una intrincada tela de araña de caminos   tradicionales interconectados. Estos caminos daban servicio a los hombres, mujeres y niños que trabajaron la tierra, comerciaban o viajaban por la comarca. Los molinos harineros son obras de ingeniería, vinculadas a la producción y al aprovechamiento agrario de la producción del cereal. Su objetivo es responder a las necesidades y demandas de la población a la que va a abastecer. Su construcción es compleja, ya que no solo es necesario conocer cómo construir un molino o cuáles son las condiciones idóneas del lugar para su edificación, ya que es necesario asegurar y controlar el caudal del agua, sino también tienen en cuenta el acceso de las personas a su emplazamiento. 

En consecuencia, el entorno donde se ubican los molinos, los propios molinos y los caminos a los que están conectados, tejieron un paisaje cultural en Los Barrios donde la tradición y el saber popular, se conjugan con la ingeniería y la arquitectura, componiendo una relación entre la estructura territorial y el desarrollo socioeconómico del municipio, y con el paso del tiempo también sumó un valor simbólico en el territorio. En la base de todo este complejo sistema, se encuentra algo tan básico y esencial como la necesidad de obtener harina, de hacer pan.

Así pues, el conjunto de los molinos de Los Barrios y cada uno de ellos se merecen un artículo mucho más extenso que el presente texto. Futuras publicaciones expondrán más información sobre el tema que nos ocupa. Las investigaciones continúan, no solo por parte de mis trabajos realizados para el Ayuntamiento sino también por investigadores locales que están trabajando en ello.

No obstante, ahora nos acercaremos a los últimos años de funcionamiento del molino del Raudal de la mano de nuestro vecino, José Sánchez Valadez. Sus padres fueron los últimos propietarios de los últimos años de actividad del molino. Los recuerdos de José Sánchez transcurren en la década de los años 50 cuando contaba con 5 años de edad. Sin embargo, recuerda vivamente el día a día del molino, aunque sí señala que cuando volvió siendo un hombre adulto al molino, se sorprendió porque “todo era muy pequeño”.

Esquema esencial de molino

José Sánchez, nos cuenta que el molino del Raudal molía día y noche durante todas las estaciones, pues siempre había caudal suficiente para activar el funcionamiento del molino. Para introducir el trigo en tolva él mismo subía por unas escaleras de madera con una espuerta con mucho cuidado, pues el molino es de solo una planta, y así vertía el trigo en la tolva.  Recuerda, que el rodezno era de madera de quejigo o de fresno, y que ayudaba a Rafael, el maestro molinero. El mismo maestro, que picaba la rueda volandera con una “picola de albañil” ya que “eso lo sabe hacer el maestro molinero y la picaba cuando llegaba la hora, porque claro, se ponía tan llana que no molía”. Muchas veces cuando Rafael se tenía que ausentar del molino, era él quién dormía en el molino, donde con un trillo, un colchón de paja y una manta, pasaba la noche vigilando el molino y cuidando de que no faltara trigo que moler.

En su relato nos informa del férreo control de la Dictadura en los años de la Postguerra de la siembra de trigo y de la producción de los molinos harineros. A partir de la Guerra Civil se consolidó en la España franquista un rígido intervencionismo en el sector triguero-harinero, creándose nuevos organismos que fijaban los precios de tasas, los cupos de entrega obligatoria y las cuotas de la molienda. Esta desajustada intervención propició la aparición del mercado negro en el sector durante los años. José Sánchez, recuerda cómo gracias a la relación que su padre mantenía con la guardia civil (cada vez que salían a patrullar al campo pasaban por el molino y comían el pan que allí se hacía y se llevaban chacinas de la granja), le avisaban de que al día siguiente recibirían una visita de la fiscalía para la inspección del molino. Así, José y el maestro molinero cogían los sacos de harina y lo escondían en el monte, cuando al otro día volvían los guardias civiles con el inspector “aquello estaba ya to barrío”. De este modo, pequeños agricultores cuya producción de trigo era muy pequeña como para afrontar el pago de los impuestos pudieron alimentarse en estos difíciles años. Recuerda especialmente la aldea de Cucarrete, donde las parcelas de siembra eran muy pequeñas y sus aldeanos llevaban el trigo al molino del Raudal.

El pago de la molienda siempre fue en especie, con la maquila, que es la porción de harina que le corresponde al molinero por la molienda. Recuerda, como el trigo llegaba cargado en bestias, cada una de ellas cargada con dos largos sacos de lona, llamados fanegueros, ya que en cada saco cabían un número determinado de fanegas de trigo. Cuenta, cómo al llegar el trigo se pesaba y también se utilizaba una cuartilla (un cajón de madera) para medirlo. Además, en el cortijo también sembraban trigo, y su padre vendía harina procedente de sus cosechas en Tahivilla. El trabajador de la finca, también un niño por aquel entonces Manolo Sarmiento, era el encargado de hacer el viaje hasta allí por el camino de Ojén. José nos relata cómo gracias al ingenio “las gentes de la sierra” nunca obtuvieron su botín ya que antes de volver, hacía un pequeño corte en el alabardón (del hato de la bestia) donde guardaba el dinero, que después cosía quedando así oculto de los asaltantes. Aun así, “las gentes de la sierra” cobraban su tributo de paso también con las chacinas del molino.

Igualmente, recuerda cómo se horneaba el pan una vez a la semana para la familia y los trabajadores del molino y de la tierra, así nos cuenta que “hacíamos unas espuertas grandes de pan” y que “hacíamos una vez a la semana porque ese pan no se pone duro, ese pan es natural, y después lo tapábamos con unos sacos”. El lugar donde horneaban era la “casa del horno” donde allí mismo cocinaban ya que aprovechaban los rescoldos de carbón y la ceniza para cocinar los alimentos.

De las gentes que llegaban con el trigo, recuerda que muchos eran personas mayores que llegaban montados en las bestias, y que, como él por ser un niño y ellos por su avanzada edad, no podían directamente cargar los sacos de trigo, por ello se valía de una carretilla donde le cargaban los sacos de harina, daba la vuelta al molino hasta llegar al camino donde aún hoy está el muro en el que se subía para poder llegar a la altura del serón y entre él y la persona mayor cargaban los sacos de harina.

El testimonio de José Sánchez Valadez, nos dibuja una vida dura, donde con apenas 4 y 5 años trabajaba en el molino y nos muestra la dureza de la postguerra. Sin embargo, habla con cariño de este periodo de su vida, como quién recuerda una aventura pasada.

Antes de concluir, me gustaría agradecer a José Sánchez Valadez que haya compartido su testimonio, así como a los propietarios de los molinos hidráulicos de Los Barrios que han colaborado para hacer posible el trabajo de documentación de este patrimonio. Igualmente, quisiera agradecer toda la ayuda y colaboración que me han prestado Pepe Clavijo, Manuel Álvarez, Andrés Muñoz padre e hijo y a mis compañeros de los departamentos de Archivo y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Los Barrios.

Finalmente, a modo de conclusión, recalcar la importancia del patrimonio de los molinos hidráulicos harineros, ya que como recoge la UNESCO, los molinos son el resultado de la suma de aspectos históricos, socioeconómicos y físico-ambientales, que han constituido hasta hace poco tiempo una red representativa de un paisaje que nos acerca al periodo activo de la molienda tradicional, de la utilización de la tierra y de interacción las personas con el medio.

Los molinos hidráulicos constituyen para Los Barrios una seña identitaria más que sumar a la relación que los seres humanos que han habitado estas tierras en comunión con su entorno natural. Los molinos, conjugados con los caminos tradicionales, los arrieros, el carboneo y el corcho articulan un paisaje cultural que nos enriquecen de realidades y experiencias pasadas, crean un paisaje cultural único resultado de la convivencia de las personas con el medio natural que nos rodea, personas que han tejido la historia y el carácter de Los Barrios.

 

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