Plaza de la Iglesia

Un barreño nacido en Nicaragua

 

“Mejor callar si lo que tienes que decir sobre alguien no mejora el silencio”, dice un sabio consejo. Pero en este caso me van a permitir que silencie al silencio porque lo que quiero decir de este barreño nacido en Nicaragua, no solo mejora al silencio, sino que este mismo deja de enmudecer para acompañarme en estas palabras que escribo.
Sí, hablo del padre Yelman. Desde Nicaragua hasta Costa Rica pasando por México, desde esas tierras de olor a caña y a café, aprendió a apreciar la alegría urbana del mundo y a querer al ser humano por lo que es, no por lo que tiene. Por eso, no ha hecho jamás acepción de personas, ni dentro ni fuera del templo, tratando a todos por igual, compartiendo la vida con los vecinos, fuesen o no feligreses. Para Yelman, la persona está por encima de todo más allá de credos e ideologías.

Su gran calidad humana, su cercanía para con todos, su extrema humildad, sus palabras sencillas y profundas lejos de los grandes discursos teológicos muy propios de la joven clerecía, su manera de ser, de estar y sus gestos cariñosos, han ayudado a muchos creyentes y a no pocos no creyentes a dar sentido a la vida y a redescubrir una fe escondida o, tal vez, maltratada por muchos que hablaban en nombre del Nazareno.

Aunque sea un cura que no vista de cura puedo garantizar que lo es más que algunos de alzacuello y breviario en mano. Su estilo como presbítero está más cerca del Evangelio que del Dogma, aunque no olvida a este último. Siempre se sintió más cómodo entre la gente que encerrado entre las paredes de un despacho. Y es que el padre Yelman es un cura atípico. Un cura de calle. Los que le buscaban, sabían dónde encontrarle, casi siempre, sentado entorno a un café rodeado de personas. Siempre acompañado. Nunca solo. Un cura de los que le pone las velas a Dios sin olvidar la ofrenda debida al ser humano. Un cura que reza en la calle y vive la eucaristía existencial compartiendo la vida con el prójimo. Un cura de los que se echan en falta en esta Iglesia tan santa como pecadora.

Este cura que llegó de allá y se quedó acá, se marcha de Los Barrios siendo un barreño más. Parte de su corazón se queda en este pueblo que ya es suyo. Parte de su vida se queda aquí entre nosotros y una parte de nosotros se marcha con él.

Queridos amigos, echarán de menos a Yelman los que piensen que para ser cura lo primero que hay que ser es bueno como Yelman lo es. Lo demás, viene por añadidura. Eso es lo que queda, lo que permanece.

Ahora nos tocará acoger al nuevo párroco, el padre Benjamín. Desde ya le decimos que viene a su pueblo, a este pueblo que sabe acoger y querer a sus curas como aquel que viene a traer un mensaje de amor, de esperanza y de paz

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