Recibió Galván al primero de su lote a la verónica con gusto y cadencia, ganándole terreno hasta rematar el recibo con una gran media y una templada revolera. Ya con la muleta, inició la faena por doblones ligados y muy templados, abrochados con un torero pase de pecho a la hombrera contraria. Galván supo entender desde el primer momento las condiciones de un animal marcado por la mansedumbre, logrando someterlo y llevarlo cosido a la muleta, sin permitirle escapar de los vuelos. La faena tuvo gusto, temple y mucho empaque, creciendo en intensidad a medida que el torero fue imponiendo su concepto y consiguiendo una notable conexión con los tendidos. Toreó con ese sello personal que le distingue, antes de rematar la faena por cadenciosos naturales y una soberbia estocada. Dos orejas.
Al quinto lo recibió por chicuelinas, rematadas con una torera serpentina. Con la muleta, Galván volvió a mostrar su momento, cuajando al toro de principio a fin, toreando con mucha profundidad y empaque. Con la mano derecha fluyeron muletazos de gran profundidad, llevando la embestida hasta el final, mientras que al natural dejó pasajes de enorme factura y pureza. Faena a más, creciendo en intensidad y expresión hasta rentar con aún mayor brillantez en los naturales a pies juntos y las trincherillas, toreando muy por bajo y con gran personalidad. Una gran estocada puso el broche a una faena de máximos trofeos: Dos orejas y rabo.
David Galván cierra así un septiembre histórico, sumando su quinta Puerta Grande consecutiva y consolidando una racha extraordinaria de triunfos en un mes que ya queda marcado con letras de oro en su temporada.
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