Rafael Fenoy Rico | Secretario de Comunicación Educación CGT
El domingo día 23 de febrero de 2014 se emitió por una cadena de televisión la ‘Operación Palace’ de Jordi Évole. ¡Sí! El de “Salvados”. Muchos días antes la cadena televisiva, oteando un horizonte positivo, publicitó el evento, con insistencia. Pocas gentes no estaban al tanto de que el famoso presentador de televisión aportaría luz a los luctuosos e inexplicables hechos que tuvieron lugar desde las 16 horas del día 23 de febrero de 1981, hasta las 11 horas del día siguiente. Todo por la cuota de pantalla y la proyección mediática de su programa y su persona. ¿Todo vale para conseguir este efímero fin?
Mucho revuelo ha generado en todos los medios de comunicación y en las redes sociales. Mucha división de opiniones sobre el programa ficción, que sin lugar a dudas muestra el enorme poder para engañar que tienen los medios de comunicación. Especialmente si a ello contribuyen figuras de la talla de Luis María Ansón Oliart, Iñaqui Gabilondo, o Fernando Onega. Posiblemente los tres han perdido una buena parte del crédito, a la verdad y rigor informativo, que gozaban. El primero menos, ya que está retirado, aunque siga siendo académico de la lengua. Sin embargo Gabilondo y Onega son los personajes que más han perdido en esta aventura mediática. Porque, al parecer, los demás o no pierden o ganan. Por ejemplo el director, del malévolo film, sigue encumbrado en la popularidad que alimenta su descomunal ego. Ninguno de los políticos como Federico Mayor Zaragoza, Verstrynge, Joaquín Leguina, Felipe Alcaraz, Alejandro Rojas o Anasagasti, han perdido credibilidad. Difícil perder algo que no se tiene y, en verdad, poco mérito en la dramatización, a la que por profesión están más que avezados. Sin dudarlo a quienes hay que felicitar y reconocer meritos son a los guionistas y a los actores profesionales, a los que es justo valorar el brillante papel realizado, sobre todo a Fernando Bartolomé, que interpreta al político catalán Eduardo Bosh y a Pedro Grande, que interpreta magistralmente al alto cargo de la inteligencia española, Antonio Miguel Albajara. Le siguen por su buen hacer Mark Parent, en su interpretación del miembro de la CIA y Ernst Roco, en el papel de Pedro Rojo. Igualmente hay que felicitar a los guionistas, verdaderos padres de la criatura. Ramón Lara, Juanlu de Paolis y David Picó. Tanto a los actores de verdad, como a los guionistas es preciso mostrarles el agradecimiento de un público televidente que creyó, en un altísimo porcentaje, en esta ficción, que podría no ser tal. Porque ¿quién nos dice que precisamente la CIA y la Casa Real no han “untado” al amigo Jordi Évole para que cuente esta verdad a medias?
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