MENUDENCIAS BARREÑAS

Segundo tiempo

Desde Noticias de la Villa me comentaron que algún lector habitual a mis “menudencias barreñas” preguntó si se acabaron, por el tiempo que llevo sin publicarlas.Debo una explicación a quien sigue con interés su lectura desde que comencé a publicarlas. Por eso reinicio la tarea, no con la frase “como decíamos ayer” de fray Luis de León, ni con la “segunda época” de cualquier obra periódica tras un periodo sin publicar. Prefiero hacerlo con un coloquial “segundo tiempo”, que supone solo un pequeño descanso en un mismo partido.

El año 2025 fue un tiempo de intensa actividad para mí, donde forcé más de lo necesario el sosiego y sueño requerido para mi edad y cardiopatía. Participé en unas jornadas etnológicas campogibraltareñas con dos comunicaciones. Una del origen del Pósito Real de Los Barrios (1768-1779) y otra de los pozos de agua barreños durante el siglo XVIII; ambas ya publicadas en la revista Almoraima. Además otras dos comunicaciones para las jornadas de historia, una con la donación en 1497 de las “alcarias de dos Barrios” a Martín de Bocanegra por el III duque de Medina Sidonia que por fin transcribe el documento que localicé hace más de treinta años con su revisión crítica; otra junto a Anthony Pitaluga, la completísima bibliografía de Tito Benady, historiador gibraltareño y amigo entrañable, que ahora lamentablemente casi un año después en Gibraltar acabo de despedir de este mundo, cuando además tengo demasiado presente la defunción de mi hermano Antonio, mi gran cómplice en una de mis aventuras sobre la historia barreña como fue la revista Benarax.

Aparte, en una charla o conferencia de 2025, expuse una síntesis que pretendía ser final de mis investigaciones locales sobre la Hermandad de San Isidro y la Virgen del Rosario, tema que ya daba por agotado. Cuando este año 2026 debí escribir un artículo prometido para su revista La Ermita que ya desde una visión laica lo dediqué a la estatura del santo madrileño.

A ello sumo mi tarea, también detenida, con la Biblioteca Digital Ampliada, un ilusionado proyecto para escanear libros y revistas del Campo de Gibraltar y convertirlos en PDF de consulta libre y gratuita en la web de Instituto de Estudios Campogibraltareños, donde ya están una treintena de libros y otro tanto de revistas, entre otras Carteya, Lacy y Benarax.

Por eso di un pequeño descanso a mis “menudencias barreñas”, que con el nuevo año 2026 se alargó más de lo esperado, pues otros temas pidieron mi atención. Primero resumiendo y comparando las principales bibliografías publicadas sobre Gibraltar. Luego redactando una comunicación sobre la asociación de ganaderos contra lobos y zorros promovida desde Los Barrios (1853-1854), que hace unas semanas presenté en Gibraltar en las últimas jornadas de flora, fauna y ecología. Además recuperé un trabajo biográfico casi olvidado sobre la vida de Tadeo Lafuente, el médico de la epidemia de fiebre amarilla de Los Barrios en 1804. Ambos trabajos pronto se publicará en Almoraima, según me consta.

Incluso este año 2026, casi de imprevisto, di una charla o conferencia en la Casa de Urrutia sobre la evolución urbana de Los Barrios, que ilustré con su correspondiente PowerPoint, tema que todavía debo pulir y ampliar antes de su prevista publicación. Para colmo, como reto personal, me he inscrito con otras tres nuevas comunicaciones para las próximas jornadas de Historia del Campo de Gibraltar a celebrar en Jimena de la Frontera el próximo otoño, que, si dichas inscripciones fuesen aceptadas, alguna de ellas espero concluir a tiempo.

Pero reconozco que de la historia de Los Barrios soy mejor “hablador” que “escribidor”. Cuando se me pregunta algo sobre su pasado, quien me conoce sabe que soy de fácil palabra y amplia respuesta con datos algunos casi olvidados en mi limitada memoria, que muchos piensan que es extraordinaria, cuando en realidad considero que fui un niño y alumno del “montón” y nada “empollón”, que por su enorme interés por la historia de Los Barrios y con su curiosidad por conocer lo desconocido y olvidarme de cosas bastante cotidianas e incluso familiares, en parte superé mis propias limitaciones de memoria a pesar de mis habituales y continuos despistes. Sin olvidarme de un maestro y amigo, Luis Fernández, que encauzó y dirigió mi interés por el estudio, donde otro anterior lo desestimó y me dio por perdido.

Hablar es fácil para mi, pero escribir es otra cosa. Desde mi niñez me costó escribir, no solo porque mis dudas ortográficas surgían en cada frase y mi limitado vocabulario de entonces no encontraba con facilidad la palabra adecuada para expresar correctamente mi pensamiento. Al principio emborronaba una y otra vez el papel modificando lo escrito, hasta que encontraba la fluidez necesaria para sentirme satisfecho de lo escrito.

Luego la incorporación de la informática y ordenadores fue para mi la “cara” y “cruz” de una misma moneda. Me permitió prescindir de fichas y anotaciones escritas a mano para escribir directamente en el ordenador. De un lado podía sustituir con comodidad aquellas palabras y frases que consideraba inadecuadas. Pero de otro lado esa facilidad me ha llevado a corregir continuamente lo escrito cuando lo vuelvo a leer. Con lo que resultan numerosas e interminables versiones antes de darla por aceptable. Además a ello se suma el límite para la extensión de un texto antes de publicarlo, contando incluso caracteres y que en estas “menudencias barreñas” me autoimpuse que fuese exactamente solo dos páginas.

No es frecuente que un historiador explique, en un diálogo sincero entre escritor y lector, el porqué y el cómo de los propios trabajos que escribe y publica. Pero quizá el estudio de la génesis y tópicos de un texto escrito como prólogo en mi lejana tesina de licenciatura y luego ampliado en mi tesis doctoral al autor y su drama histórico, me siguen condicionando todavía.

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