El Festival se suma a las celebraciones el Día de África con música, debates y cine contra el racismo

El día terminó en Tarifa como comenzó, con música. Tambores y ritmos del Norte de África de un grupo de artistas jóvenes marroquíes, Algarabía Producciones, han llenado las calles de sonidos frescos, danza y pasacalles por la mañana. Y por la noche, en la cafetería Bambú de la Alameda, un concierto en homenaje a Miriam Makeba. Todo un lujo.

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 El Festival de Cine Africano de Tarifa se ha sumado hoy a la multitud de actos que se están celebrando en toda España para conmemorar el día de África. El 25 de mayo de 1963 se fundó en Adis Abeba, capital de Etiopía, la Organización de la Unidad Africana (OUA), precedente de la actual Unión Africana (UA). En un patio andaluz de la calle de Jerez, blanco y verde por la cal y las macetas, y con el murmullo del agua de una fuente y el cantar de un canario de fondo, un grupo de intelectuales africanos y europeos, blancos y negros, han debatido hoy en Tarifa sobre África. Sobre África y los estereotipos que en Occidente nos impiden conocer mejor la realidad del continente vecino.

El director de cine sudafricano Maduda Ncanyinya recordó la Sudáfrica del apartheid, su sociedad radicalmente dividida en dos y el esfuerzo de quienes intentaban, en el lado de los oprimidos, expresarse y luchar para cambiar las cosas. Ncanyinya recordó aquellos años duros al hilo del cortometraje sudafricano que se emitió antes del debate, en el que se muestra el trabajo de Vulkuzakhe. Es ésta una organización que lucha contra los efectos sanitarios y sociales del sida mediante la música, el juego, y el teatro. El director dijo que ése es su pueblo, su país, un país en el que han cambiado cosas, pero en el que hay que seguir mejorando.

Ganador en 2003 en Cannes del premio al mejor documental, Ncanyinya contó luego que África es en el mundo Occidental sinónimo de guerras, enfermedades y pobreza, y que los proyectos cinematográficos que no se centran en eso no obtienen la financiación que buscan. Esa mentalidad de la industria cala en las audiencias. El mismo Ncanyinya lo explicaba con un ejemplo reciente: “Hace poco un periodista europeo que me entrevistaba se extrañaba de que en una de mis películas, un personaje, un chico de una zona rural de mi país saliera hablando por un teléfono móvil. Decía que cómo era eso posible”.

Alain Tschudin, psicólogo y filósofo, organizador del debate y de las jornadas dedicadas al Día de África, hizo un repaso por la prensa española en la que del otro lado del Estrecho sólo aparecen noticias sobre muertes, guerras, violaciones o racismo. Hizo un detallado repaso por páginas concretas de los grandes periódicos españoles en los que junto a noticias de desembarcos de pateras aparecen anuncios de Viajes de El Corte Inglés, o junto a la de un sudafricano que murió quemado a lo bonzo aparece un anuncio de perfumes para la mujer más apasionada.

“No estoy hablando de escapismo, pero ¿por qué cuentan siempre lo mismo sobre nosotros?”, preguntó el sudafricano Tschudin. Glenn Bennett, músico nacido en Gran Bretaña de padres jamaicanos y abuelos africanos, explicó así por qué vive en Tarifa. “Tarifa me permite ver África todos los días”. Bennett criticó a los europeos que usan la imagen estereotipada de África para limpiar sus conciencias como el que da una limosna. Este artista dijo que los gobiernos están para cumplir los deseos de la gente, pero que las familias y los medios de comunicación determinan esos deseos. Y añadió: “Pero cada uno de nosotros tiene la posibilidad de analizar el origen y los contenidos de esos deseos”.

Nanou Loum, responsable de logística de este festival, senegalesa afincada en Tarifa desde hace años, afirmó que África es mucho más de lo que nos transmiten los medios. “Ya estamos hartos de llorar, de decir que somos pobres, de todo eso…”, afirmó. La senegalesa defendió la fuerza, la capacidad y el potencial de los habitantes del continente y reivindicó el papel de la educación como motor de desarrollo. Añadió una queja: En España, para los niños que estudian no hay nada sobre África en los planes de estudio. España, Europa y un poco de América, pero nada sobre África. El etnocentrismo como otra forma de ignorancia.

El público ha visto esta tarde, en la misma casa de la calle Jerez, una selección de cortos sudafricanos reunidos bajo el título Cineastas contra el racismo. El primero, Affectionately known as Alex (Cariñosamente conocido como Alex), de Danny Turken es una mirada en la vida de Alex durante los meses que precedieron a los estallidos de violencia definida como xenófoba en mayo de 2008, que concluye con una descripción del caos y de las consecuencias que se propagaron como un incendio por todo el país.

Angels on our shoulders (Ángeles sobre nuestro hombro), de Andy Spitz, relata la experiencia de un pequeño grupo de maestros zimbawenses que intenta establecer alguna estructura y cura para los niños expatriados y para ellos mismos, fuera de la destrucción, el caos y del trauma de la reciente violencia xenófoba.

Baraka, de Omelga Mthiyane y Riaan Hendricks, narra cómo dos días después de que Sudáfrica experimentara los ataques en contra de sus habitantes negros extranjeros, cientos de personas fueron desplazadas a refugios temporales a lo largo de todo el país.

The Burning Man, de Adze Ugah, rescata la identidad del hombre que se quemó a lo bonzo, Ernesto Alfabeto Nhamuave e intenta entender quién era este hombre, y qué motivos le condujeron a hacer lo que hizo.

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