RESEÑA LITERARIA

‘El tacto invisible de los días’ de Cecilia Álvarez


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Cuando veo el título –“De soledades y silencios”- que encabeza el excelente prólogo de José Antonio Santano a este nuevo poemario me digo que el poeta y crítico andaluz ha elegido una acertada expresión para caracterizar la poesía de Cecilia Álvarez, de nuevo con nosotros tras unos años sin publicar. Porque en efecto, soledades y silencios pueblan a menudo las creaciones de la poeta canaria; se expanden desde sus versos de una forma tan sutil que sólo pueden atravesar –e inundar- a quien esté dispuesto a dejarse conquistar por su voz; esa voz  poética pausada y envolvente que  resulta ser un antídoto eficaz contra el temible  paso del tiempo, contra los vacíos amenazantes que pueblan a menudo nuestros días.

El tacto invisible de los días
Cecilia Álvarez (Prólogo de José Antonio Santano)
Ediciones Aguere – Ediciones Idea
Santa Cruz de Tenerife, 2023.

Esta nueva entrega poética integra veintisiete composiciones, entre los que se intercalan siete poemitas breves, encabezados por la letra α, hasta culminar en uno –el octavo- de estas mismas características, presidido por una ω. ¿Principio y fin? No: es la huella –apenas imperceptible- que deja en la vida ese tacto invisible de los días que da título a este nuevo poemario. Unos días –unos años, qué más da- que hicieron enmudecer a Cecilia Álvarez e invisibilizó su talla poética sembrando dolor, esparciendo angustia y segando vidas. Sufrimiento que se derrama con cada lágrima, como esa “lluvia muda / que cala, pero no me moja / ni me canta.” Como esa lava negra e inmisericorde que al resbalar por el volcán “sigue / engullendo / las / miradas / heridas / de / mi / isla”.

“Me reencuentro con el verso”, nos confiesa en el poema que abre el libro, recuperando nuevamente su voz, “la voz que siempre sobrevive / en la tormenta,”. Una voz quebrada por tanta devastación (esa lava devastadora, ese vacío de madre en la soledad y en el silencio de la casa, esa necesidad de abrazos que hay que mendigar…) pero que al fin ha renacido de sus propias cenizas después de tanta oscuridad, de tanto olvido. “Y sin embargo / vislumbro un reflejo azul / que mendiga en mi memoria, / en el minúsculo espacio /  -breve línea- / donde no tiene cabida / la forma del olvido.”

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