La soberbia de un don nadie, por J. J. Pomares

 

En un mundo globalizado como el que tenemos, las buenas y malas noticias llegan casi instantáneamente desde donde se producen a cualquier lugar del planeta. La tecnología de los medios de comunicación ha avanzado tanto que ya representa un peligro para determinados regímenes políticos que intentan promover un pensamiento único y homogéneo en las personas.

En mi caso, que me encuentro en el hemisferio sur, disfruto de esa velocidad de comunicación, que me permite mantener contacto frecuente y directo con mis familiares y amigos. Qué gran ventaja la de poder enviarnos archivos, fotografías, comunicarnos ideas y proyectos e incluso vernos el careto y charlar gracias a Internet.

Es así como de sopetón me llegó la noticia del incidente de mi ex compañero en el gabinete de prensa y amigo, José Antonio Ortega, con un familiar del candidato andalucista, Jorge Romero.

Con cierta ingenuidad pensé que como la sangre no había llegado al río y teniendo en cuenta que se está en plena campaña electoral, donde todos los candidatos tratan de exhibir un buen talante, sería el propio aspirante a la alcaldía quien se encargaría de calmar los ánimos, e incluso de pedir disculpas, pero la respuesta me ha dejado estupefacto.

Inmediatamente he establecido un paralelismo con la situación política de Perú, que es donde me encuentro, donde se está también en plena campaña electoral para elegir presidente y donde partidarios del nacionalista Ollanta Humala realizaron concentraciones ante algunos medios de comunicación e incluso llegaron a agredir a un periodista y lanzar piedras contra la otra candidata, Keiko Fujimori. Tras la respuesta dada al incidente por el PA de Los Barrios he llegado a preguntarme ¿Llegarán los partidarios del nacionalista Jorge Romero a traspasar esos límites?

Puedo dar fe, después de haber trabajado con José Antonio Ortega durante bastante más de una década, que es una persona con una moral íntegra, que dice lo que piensa sin tapujos y que siempre ha dado la cara. Nunca ha ocultado su afiliación al PSOE, nunca se ha autocalificado como imparcial ni objetivo y, además, ha defendido sus ideas públicamente, firmando siempre sus escritos. Todo ello a riesgo, como ahora, de ser insultado por un pariente de Romero, que en su amenazante comunicado viene a justificar esa mala acción argumentando que Ortega milita en otro partido y que su hermana va en la lista del PSOE. ¡Hombre, ya puestos por qué no le pega un tiro!

Y en cuanto a los ataques que dice Romero haber recibido de Ortega, se restringen a algunos artículos donde el periodista ha expuesto su opinión política ¡Faltaría más que no pudiese hacerlo! ¿Acaso olvida el alcaldable andalucista sus salidas de tono e insultos en bastantes sesiones plenarias contra el anterior alcalde y su equipo de gobierno? Porque eso sí que eran descalificaciones personales.

Después de casi treinta años en el oficio de periodista puedo presumir de tener amistades en un amplio espectro político del Campo de Gibraltar, que van desde altos cargos del PP y PSOE a históricos de IU y del PA. Esto lo comento porque a la hora de votar por alguien, también influye el tono visceral que nos provoca. En el caso de Jorge Romero no puedo negar que me produce una gran antipatía y que el tono amenazante que emplea en su comunicado me la acrecienta.

Esa actitud chulesca y llena de soberbia del candidato andalucista se une a lo que considero una carencia de ética por su parte, con un discurso político que él mismo traiciona. Si ha estado renegando toda la vida de los enchufados que cobraban y no trabajaban, cuestión en la que al menos compartimos la misma opinión, no se puede caer en lo mismo porque le suponga una comodidad para desarrollar su campaña. Se predica con el ejemplo, y Jorge Romero, que ofrece un bagaje muy escasito para dirigir un ayuntamiento, ya nos ha instruido con suficientes malos ejemplos.

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