En otras menudencias barreñas y publicaciones mías comenté que existieron dos alcarias o aldeas musulmanas donde ahora está Los Barrios, que quedarían despobladas de musulmanes con el avance conquistador del reino de Castilla hacia el Estrecho (ss. XIII-XIV) y que buena parte del terreno de esas alcarias lo donó el III de Medina Sidonia a Martín de Bocanegra en el siglo XV. Pero esa donación no fue de esas alcarias completas y su territorio jurisdiccional.
En efecto, una parte de las alcarias, donde había una casa-torre defensiva, le fue donada a otro poseedor, que sería la que en el siglo XVI tenía el capitán Fernando Moreno Maldonado, cuyos herederos la vendieron a principios del siglo XVII a Andrés de Villegas el Viejo, con la que este constituyó un mayorazgo de segunda genitura (1604), que pronto pasaría a llamarse el cortijo Grande de Los Barrios. Si bien como esa vieja torre estaba casi arruinada, al poco tiempo se construyó un nuevo caserío, cuyos muros parcialmente aún se conservan ocultos en la planta baja de la vivienda denominada “Cortijo Grande” que está próxima al actual Paseo.
Aquellas alcarias, después de Martín de Bocanegra fueron del capitán Bartolomé de Mesa, quien a su vez se la concedió como dote matrimonial a su hija Leonor de las Casas Mesa y Bocanegra, que contrajo matrimonio con Alonso Pérez Tinoco, de donde deriva el nombre de cortijo de Tinoco, como se le conoció a partir de entonces. Pero tras la muerte de ambos cónyuges se constituyó sobre dicha propiedad una capellanía en 1642, que por cierta deuda e incumplimiento se vendería por subasta pública en Gibraltar (1698).
Fue Juan Felipe García de Ariño y Escoto quien compró ese cortijo de Tinoco a nombre de su tío Bartolomé de Escoto y Bohórquez, chantre y canónigo de la catedral de Cádiz, quien desde hacía algún tiempo deseaba adquirir alguna propiedad rural para establecer en ella una fundación piadosa, que finalmente era establecer un oratorio en una de sus habitaciones que tras su muerte se convertiría en capellanía de misas rezadas con un capellán vitalicio para atender las necesidades religiosas de los escasos vecinos de su alrededor, que entonces solo podían oír misas lo más cerca en el convento de la Almoraima o en la ciudad de Gibraltar, ya que ni la ermita de San Roque, ni la de Algeciras por aquel tiempo estaban dotadas con un capellán fijo o un sacerdote accidental que rezase la misa de los días festivos.
A Bartolomé de Escoto le sorprendió la muerte en 1700, cuando ya estaba casi terminando el nuevo caserío que estaba construyendo en el anterior cortijo de Tinoco, al que pretendió renombrar como cortijo de San Isidro, ya que dicha advocación religiosa sería la misma que la del oratorio o ermita que allí estaba haciendo, aunque el cambio de nuevo nombre no tendría demasiada fortuna porque se le siguió llamando cortijo de Tinoco.
En los documentos consultados siempre consta en plural las “casas y pozos” del cortijo de Tinoco o de San Isidro, por lo que presupongo que existirían más de una casa en el mismo. Pero me surge una duda respecto a la ubicación todas esas “casas”, que con frecuencia en algún documento de la época también podrían referirse a distintas habitaciones de una misma casa. Así el edificio destinado a los ayuntamientos, con frecuencia se le llamó en plural “casas consistoriales”. Sin embargo en el caso del cortijo de Tinoco lo más probable es que fuesen varias casas o viviendas ubicadas en sitios distintos, quizá hasta en tres sitios distintos.
El cortijo de Tinoco (o de San Isidro), como propiedad rural, desarrollaba dos actividades agropecuarias. Había un terreno de labranza de los entonces llamados de “pan sembrar” o de campo para sembrar trigo, que coincidiría con la vega y loma donde ahora sigue existiendo lo que queda de aquel cortijo, que mantiene su misma y antigua denominación, aunque con algo menor extensión de terreno del que tenía en el siglo XVII.
Aparte ese cortijo de Tinoco tenía una dedicación pecuaria, compuesta principalmente por un destacado número de ganado vacuno que pastaba en unas colinas de abundantes acebuches que le servían de refugio para la intemperie invernal o calor estival. En ese mismo lugar ahora está el casco antiguo de Los Barrios y anteriormente las dos antiguas y despobladas alcarias musulmanas de las que todavía se conservaba el pozo de la Tinaja o del Santísimo, en una vaguada intermedia que había entre esas colinas, donde abrevaba el ganado, igual que el ganado del contiguo cortijo Grande lo hacía en el pozo de Maldonado o en el de la Viñuela.
Casi con toda seguridad en el citado terreno de labranza existiría algún tipo de vivienda, ya fuese choza, casarón o casa de tejas donde guardar los aperos agrícolas y quizá la habitarían sus gañanes o labradores. Algo similar ocurriría en las colinas donde pastaba el ganado, en la que en una de ellas se edificaba el nuevo caserío con su oratorio o ermita de San Isidro, que pronto tendría un gran corral para guardar el ganado por las noches, que ocupaba una amplia superficie casi cuadrada limitada por las actuales calles Mayor, San Isidro, Reina y Huérfanas, cuyo interior hasta hace poco estuvo sin edificar y cuando ya dejó de servir para guardar aquel ganado, se usó como huerto o en los años de mi niñez incluso como patio de cine veraniego.
En los documentos consultados no he podido averiguar, si hubo una casa ya anterior en el mismo lugar donde se construía el nuevo caserío de Tinoco, que se derribaría para hacerla nueva por estar deteriorada. O si esa antigua casa estaría en la colina y alcaria de enfrente, pues en el pleito del conde de Luque contra los exiliados gibraltareños que allí construían sus primeras viviendas, parece que ya existía allí otra casa antigua con huerto situada al final de la actual calle de Santa Ana y junto a la plaza de la Cruz, que a mediados del siglo XVIII se atribuía a un tal Rodrigo Esteban, que podría ser la casa más antigua del cortijo de Tinoco.
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