La imagen original de San Isidro Labrador en Los Barrios

Recordaba haber leído en algún documento que, a finales de 1700, cuando murió Bartolomé de Escoto y Bohórquez, el chantre y canónigo de la catedral de Cádiz que fundó el oratorio o ermita de San Isidro en el cortijo de Tinoco, la imagen del Santo estaría sin terminar y en madera vista. Pero buscando ese dato en su testamento y partición de bienes tardé en localizar, porque la copia documental que tengo es muy extensa y no está en papel, sino en imagen digital (JPEG), unas 600 fotografías a doble páginas, o sea, unas 1.200 páginas que revisar.


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Al fin hallé que los contadores de la herencia anotaron, entre otros elementos inventariables: Un retablo de madera sin dorar valorado en 440 reales; seguido de “una hechura [nueva] de bulto de San Isidro en noventa reales”, y “una imagen nueva de talla de Nuestra Señora de la Concepción en doscientos reales”. La palabra “nueva”, con rotura de carcoma, no se lee bien, quizá la confundí en mi primera lectura con “madera”. Además, al denominar “hechura” a la talla de San Isidro e “imagen” la de Virgen, igual que su precio bastante inferior, me hizo pensar que, como el retablo, la talla de San Isidro estaría entonces en madera vista sin policromar. En el inventario de la ermita de 1702, que publiqué en mi libro sobre la misma (1989), cité ambas tallas, pero allí nada se dice de su pintura policromada. Por tanto, la duda sigue sin resolver hasta nuevas investigaciones.

Conviene añadir que cuando a una talla o escultura en madera se le llama de “bulto”, quiere decir que está exenta y completamente tallada en todo su contorno o volumen, generalmente apoyado sobre una base o peana. En cuanto a la técnica del policromado o pintado de variados colores, con sus matices y sombras oportunas para darle más naturalidad al rostro, piel, cabello o vestidura, destacaría aquí un modo peculiar de policromar la ropa en esa época (siglos XVII y XVIII), llamada “estofado”, que nada tiene que ver con el culinario, sino que derivaría del italiano “stoffa” o tejido con adorno lujoso, generalmente bordado con hilo de oro. Para conseguir su imitación la escultura en madera, después de tallada, lijada y estucada con yeso, se “estofaba”, o sea, se cubría con “pan de oro” aquella parte que imitaría al tejido bordado en “hilo de oro”, que luego se pintaba encima con una de las dos técnicas más utilizadas entonces. La primera consistía en pintar encima del “pan de oro” con óleo “a punta de pincel”, imitando paulatinamente el tejido con su color y sombras, dejando sin cubrir aquella parte del “pan de oro”, que simularía el bordado con “hilo de oro”. La segunda cubría con una capa de óleo o pintura toda la zona de “pan de oro” y con un “esgrafio” o punzón de madera dura o hueso luego se raspaba y marcaba el dibujo diseñado para mostrar el “pan de oro” oculto en la capa inferior. Esta última técnica se llama “esgrafiado” y fue la que originalmente se usó en la imagen de San Isidro, de Los Barrios.

En la documentación consultada, no consta ningún daño, ni restauración de la talla durante el siglo XVIII y principios del XX. Pero, cuando la Iglesia fue asaltada el 12 de mayo de 1931, la imagen de San Isidro, junto a otras, fue sacada y expuesta en alguna calle para mofa del viandante y luego se dejó al borde de la carretera nueva, por donde pasaban diariamente alguna arriería que llevaba la basura o restos orgánicos domésticos de Los Barrios hasta Palmones, para que los hortelanos de la aldea convirtiesen en estiércol para sus cultivos. Uno de esos arrieros se llevó la imagen de San Isidro metida en la capacha de su bestia. Un vecino de Palmones, Diego Amores, la recuperó y conservó algún tiempo en su domicilio, hasta que se interesó por ella el administrador de Correos de La Línea de la Concepción, José Jimeno, casado con una prima de María Antonia Chamorro, como me cuenta ésta última, posibilitando así el retorno de la imagen hasta Los Barrios. También tengo copia traspapelada de una breve noticia mecanográfica en un folio, sobre esa recuperación de la imagen de San isidro por la familia Amores en Palmones. Pero poco se sabe del deterioro que sufrió entonces la talla de San Isidro y su consiguiente restauración, aunque. según la tradición local, un brazo se desgarró y separó del cuerpo y quizá también se dañó alguna parte adicional, que poco después sería restaurada por primera vez, insertándole el brazo desprendido y tal vez rellenando los huecos sufridos con yeso, como se advirtió en otra restauración más reciente. Debo añadir que, en un inventario parroquial de 1933, del que tengo copia, consta que tal año la imagen de San Isidro ya estaba expuesta en la Iglesia de Los Barrios, por lo que parece obvio que estaría restaurada del daño sufrido. De esa primera restauración nada consta en el Archivo Parroquial, pero tal vez podría existir algún dato al respecto en el Archivo Diocesano de Cádiz, que no he tenido ocasión de averiguar.

A mediados de la década de los años sesenta del siglo XX, siendo párroco José Vizo Méndez, poco después de instaurarse la romería anual de San Isidro (1964), la imagen del Santo tuvo una segunda restauración integral, que no recuerdo bien si fue en Sevilla o Cádiz, y de la que ahora no recuerdo su fecha exacta, ni tengo conocimiento del taller imaginero donde se efectuó, ni la técnica o naturaleza de dicha restauración. Con más tiempo e interés también se podría indagar si queda algún documento o dato en el Archivo Parroquial o en el Diocesano de Cádiz.

Según un testimonio oral que alguna vez oí a José Lobato (Pepe la Loba), en la parte trasera de la peana de San Isidro, había clavada una plaquita de metal con cierto grabado, que se quedó el restaurador, cuyo contenido y cronología se ignora. Cuando la imagen restaurada de San Isidro retornó a Los Barrios (1966) se advertía que el dorado del adorno vegetal de su vestidura era más vivo y profuso que el anterior. No recuerdo bien si con posterioridad a esa segunda restauración se volvió a realizar alguna otra limpieza o restauración en la imagen de San Isidro, para subsanar los daños que pudo sufrir en las romerías anuales, que siguieron celebrándose desde aquella primera en 1964. Comparando su estado actual con una antigua fotografía (1966) se advierte cierto giro en la orientación de su mano izquierda que sujetaba la “rejada”, actualmente suprimida como complemento de la imagen, pues ahora sólo conserva la “ahijada” en su mano derecha y los dos bueyes en miniatura.  Asimismo, en la actualidad el rostro ha cambiado radicalmente, ganando en delicadeza y hermosura, mejorando sobre todo la naturalidad de su mirada.

Hace unos años, siendo párroco Antonio Muriel Mira, se efectuó una nueva restauración de la imagen de San Isidro, realizada por Yolanda López Fernández, restauradora de Obras de Artes, que elaboró una breve memoria de su actuación de la que tengo copia, aunque omite la fecha exacta de su trabajo restaurador. Esa memoria tampoco dice nada del dorado original de la talla, pero por testimonio oral de Luis Acosta Blanco, queda noticia de que la referida restauradora comentó que el dorado original de “pan de oro” con su correspondiente “esgrafiado” era el de mejor calidad y permanecía oculto en una capa más profunda sobre la que luego se le extendió otra nueva capa de “pan de oro” de menor calidad, que a su vez se cubrió con pintura y se esgrafió. Efectivamente esa segunda capa de “pan de oro” añadida en la restauración de la década de los sesenta, que se cubrió con otra nueva capa de óleo o pintura que también se “esgrafió”, pero esa vez con un diseño algo distinto al original, con dorados más brillantes y sobrecargados.

Respecto a la última y reciente restauración, que hace unos años efectuó Yolanda López, en la memoria documental con fotografías de su actuación, indica que se limitó a “una ligera limpieza de la escultura, reintegración y estucado de las faltas más sobresalientes y su posterior barnizado tanto de las reintegraciones, [como] general de la escultura.” Todo ese proceso lo efectuó con materiales reversibles, que no afectasen a la naturaleza original de la imagen.

Eso es lo poco que he podido recabar improvisadamente sobre la imagen original de San Isidro Labrador de Los Barrios, que aporta un conocimiento modesto e incompleto sobre la misma, pues los documentos que tuve ocasión de consultar hasta ahora y de los que en algunos casos conservo copias en papel o en imagen digital, no añaden mayores datos de importancia a reseñar.

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