La verja de Gibraltar. Mayo del 69

José Manuel Algarbani Profesor EUEJE. Historiador

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La reivindicación sobre Gibraltar formaba parte esencial de la demagogia españolista del franquismo y le servía además como pretexto para desviar la atención cada cierto tiempo de otros tipos de problemas internos.

Aunque las luchas diplomáticas no han dejado de existir, es en 1966, cuando comienzan a evidenciarse de forma más latente los problemas que suponía el tráfico aéreo británico en Gibraltar, que por las dimensiones del peñón se sobrevolaba obligatoriamente espacio aéreo español

En 1967 se celebra un referéndum por el que los gibraltareños deciden, por 12.138 votos a favor y 44 en contra, seguir perteneciendo a la Corona británica, y es en 1968, como respuesta a las evoluciones del contencioso y a propuesta de la diplomacia española, cuando La ONU, en contra de la mayoritaria opinión de los “llanitos”, vota a favor de la incorporación de Gibraltar a la soberanía española.

En mayo de 1969, Gran Bretaña concede una insistente reivindicación llanita como era una constitución interna para Gibraltar, que establecía un cambio en el estatus de la colonia, pasaría a ser un Territorio Británico de Ultramar (British Overseas Territory). Dejaba en manos del ejecutivo local, elegidos por los propios gibraltareños, los asuntos internos, mientras que se reservaban exclusivamente al representante del gobierno de la corona los asuntos externos y de defensa.

La posición del gobierno de Franco era rechazar claramente cualquier co-soberanía. El Estado español comenzó a retirar a primeros de junio los permisos de trabajo a las aproximadamente 5.000 personas autorizadas por el régimen, que cruzaban la verja diariamente para trabajar, a finales de junio cerraría la verja y suspendería el ferry que unía Gibraltar con Algeciras. A primeros de octubre cortaría las comunicaciones telefónicas y telegráficas del peñón con España

La constitución gibraltareña convertiría a los gibraltareños, de facto, en parte en el conflicto. España a partir del cierre definitivo de la verja crearía una legislación muy favorable a gibraltareños que deseen venir a España.

Los accesos permanecieron cerrados hasta siete años después de la muerte de Franco, en 1982, tras la llegada al poder del socialista Felipe González, cuando sólo se abrieron al tráfico peatonal. La apertura de la verja de 1982 modificaba sustancialmente la situación existente antes de 1969 al eliminar factores que eran claramente discriminatorios; quedaba asegurada la igualdad para los españoles en Gibraltar en cuanto al derecho a pernoctar y en materia de empleo, seguridad social, salarios y derecho a formar parte de sindicatos.

El cierre fue traumático tanto para la economía del Campo de Gibraltar como para la de Gibraltar en sí, que sufrió una crisis económica, que hubo de ser contrarrestada mediante una importante inyección económica por parte del Reino Unido. Llevó al Campo de Gibraltar a una profunda crisis económica por la honda dependencia entre la comarca y Gibraltar. La decisión dejó sin alternativas laborales a miles de andaluces, forzando una nueva oleada emigratoria, en tanto las promesas de desarrollo compensatorio quedaban en casi nada, como por otra parte ocurría también en el resto de Andalucía. Dentro de la Colonia, la mano de obra andaluza con pasaporte español fue sustituida por inmigrantes marroquíes, con la misma carencia de derechos que tenían los españoles, y la economía fue sustentada desde Londres a partir, sobre todo, del servicio a la flota británica.

Y no solo en los aspectos económicos, El cierre español separó a familias andaluzas con miembros a ambos lados de la Verja. Familias asomadas a una verja que se seguían relacionando a gritos entre los hierros y la distancia. Sencillo, truncar la comunicación fue más rápida que reconstruirla.

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