El Reportaje / Manuel Álvarez Vázquez

4/22/2009

Antecedentes historicos de la Hermandad de San Isidro Labrador y de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario

Este trabajo corresponde a un informe mecanográfico que escribió su autor en 1988 sobre el origen de la Hermandad de San Isidro, habiendo permanecido inédito hasta ahora. Junto a otros trabajos más recientes del propio autor sobre el mismo tema, ahora se publica por primera vez con motivo de la celebración de los 160 años de la Hermandad

Antecedentes historicos de la Hermandad de San Isidro Labrador y de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario

Manuel Álvarez Vázquez. Cronista Oficial de la Villa | Los Barrios

A petición amistosa de algunos miembros de la Hermandad de San Isidro Labrador y de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario en Los Barrios, realizo con satisfacción este bre­ve informe sobre antecedentes históricos de dichas asociones religiosas en el mencionado pueblo campogibraltareño, intentando mostrar, a su vez, las razones que pudieran justificar la utilización del atributo “inmemorial” en la denominación oficial de las señaladas entidades.

La rapidez con la que se solicita el informe y la escasa documentación existente al respecto obligan a basar la exposición exclusivamente en aquellos datos y noticias que he ido conociendo de forma indirecta a través de anteriores investigaciones referentes a la historia de Los Barrios. Con más detenimiento se puede realizar una investigación específica so­bre el tema que, tal vez, podría aportar nuevos conocimientos. Para ello se tendrían que consultar los libros de defunciones del Archivo Parroquial de la Iglesia de San Isidro en Los Barrios; los libros de actas capitulares y expedientes sobre ce­menterios del Archivo Municipal del Ayuntamiento de Los Barrios y examinar a fondo los distintos expedientes acerca de Los Barrios que se conserven en el Archivo Histórico Diocesano de Cádiz. Así mismo podría ser de utilidad la consulta del Archivo Parroquial y del Municipal de San Roque.

El criterio a seguir en el desarrollo de este infor­me consiste en una pequeña información inicial sobre el origen y difusión de cada una de las anteriores asociaciones apunta­das, a continuación la información que hace referencia a su implantación local; entendiendo por local, no sólo lo alusivo a Los Barrios como municipio autónomo e independiente, sino también lo alusivo a su existencia premunicipal, primero depen- [1//2] diente de Gibraltar y posteriormente, al segregarse la Plaza de la soberanía española en 1704, como legítimo heredero, jun­to con San Roque y Algeciras, de la municipalidad y tradiciones de aquella ciudad. Por último, como conclusión final del informe, se añadirá un corto comentario sobre la propuesta de la atribución de “inmemorIal”, apuntada al comienzo.

El origen de la Hermandad de San Isidro Labrador mantiene estrecha relación con la popularidad histórica que alcanza en España el culto religioso al santo homónimo.

San Isidro nació en Madrid a finales del siglo XI, fue un sencillo labrador, conocido por su vida virtuosa y por su devoción al Santísimo Sacramento, de cuyo culto fue un gran defensor, llegando a fundar una Cofradía del Santísimo en la Iglesia de San Andrés.

El gran número de milagros que se atribuyen a su in­tercesión hizo que el papa Paulo V, en 1619, procediera a su beatificación por petición de Felipe III, rey de España, en agradecimiento por la salud recobrada tras una grave enfermedad y después de que hubiese ordenado una solemne y general rogativa al Santo, apoyado en la especial estima que al mismo le profesaba el pueblo madrileño desde ya hacía bastante tiempo.

Algunos años más adelante, en 1622, el papa Gregorio IV, a instancias de Felipe IV, hijo y sucesor del anterior mo­narca citado, canonizó a Isidro junto a Ignacio de Loyola, Fe­lipe de Neri y Teresa de Jesús.

A partir de entonces, al contar el culto de San Isi­dro con el apoyo de la Corte, se inicia su propagación por las distintas zonas del Reino, unas veces, bajo el empuje de devo­tos seguidores del Santo; otras, en manos de quienes testimoniaban de ese modo su servicio y simpatía hacia la Corte; incluso, algún tiempo después, como aglutinante de intereses gremiales, en concreto los de labradores y ganaderos, que, bajo el pa- [2//3] tronato de San Isidro, fundan hermandades o asociaciones pare­cidas a las cofradías, aunque con predominio de los fines benéficos a favor de sus asociados y entre los que se pueden enumerar, entre otros, la proporción de socorro o entierro y la aportación de sufragios a los necesitados.

En cuanto al origen de la Cofradía del Rosario, tra­dicionalmente conocida como Cofradía del Rosario, conviene señalar también la estrecha relación que mantiene con la popula­ridad histórica que alcanza la práctica devota del Rosario.

La tradición religiosa asigna a Santo Domingo de Guzmán (1170-1221) la fundación tanto del Rosario como de la Co­fradía homónima. En tal sentido, existen pruebas documentales que confirman que en algunos conventos dominicanos de Italia, desde el siglo XIII, hubo una Cofradía bajo la advocación de Nuestra Señora. Sin embargo, es a partir de 1470, fecha de la fundación por Alano de la Roche de una Cofradía del Rosario en el convento dominico de Douai, cuando se inicia su verdadera expansión. Esa expansión será primero desde esa población del norte de Francia hacia Flandes y Bretaña luego hacia Alemania y desde aquí hacia el resto de Europa. De cualquier forma, la vinculación del Rosario y de la Cofradía del Rosario con la Orden de Predicadores o dominicos, fundada por el propio Santo Domingo, es patente; siendo éstos, por medio de sus conventos y predicaciones, quienes mejor impulsaron su difusión.

De algún modo, también popularizó la devoción de la Virgen del Rosario y e1 Rosario, el triunfo obtenido por la armada cristiana contra los turcos en el golfo de Lepanto, en el año 1571, victoria que se supuso alcanzada gracias a las rogativas que el papa San Pío V hizo a Nuestra Señora del Rosario en tal sentido.

En España, la difusión del Rosario se hace notable a partir de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, como [3//4] consecuencia, precisamente, de ese movimiento de fervor y entusiasmo antes citado que encuentra el apoyo real, cuando Felipe IV, para satisfacer las peticiones que se le dirigían determinó que para extender la devoción del Rosario de Nuestra Señora se rece cada día en las iglesias y solicita a los obispos para que exhorten a los curas y prelados de los conventos a que introduzcan esta devoción, así mismo ordena que hagan lo mismo los justicias y corregidores del Reino.

La devoción del Rosario en España debe su expansión también al impulso personal y gran celo por el auge de dicha devoción demostrado por muchos predicadores entre los que se pueden señalar el dominico aragonés Juan Agustín que en el si­glo XV, después de predicar dicha devoción por varias regiones españolas vino con tal motivo a Andalucía; mostrando gran empeño en la tarea; o así mismo, el Beato Diego José de Cádiz, que a finales del siglo XVIII, a través de sus sermones despertó igualmente la devoción del Rosario entre la población de muchas regiones españolas.

Por semejantes motivos es preciso señalar la contri­bución al fomento de la devoción del Rosario que supuso el he­cho del patronato de Nuestra Señora del Rosario sobre la Arma­da Real que arranca incluso desde fecha anterior a la de la victoria de Lepanto y que contó con cofradía del Rosario en el Hospital de Galeras de San Juan de Letrán del Puerto de Santa María, en cuya capilla, agregada a la basílica lateranense por el papa León X en 1514, residía la jurisdicción privativa de la Armada.

Igualmente Nuestra Señora del Rosario tuvo patronato sobre 1as Carreras de Galeones de Cádiz a América, y de Acapul­co a Manila; y sobre las ciudades más importantes de su recorrido, Cádiz y Manila.

Seguidamente es el momento de analizar le introducción de la Hermandad de San Isidro Labrador y de la Cofradía [4//5] de Nuestra Señora del Rosario en el pueblo de Los Barrios. No obstante, interesa, en primer lugar, hacer la correspondiente referencia a las cofradías existentes en Gibraltar, por cuanto aquel pueblo es, en parte, continuidad histórica de esta ciudad junto con San Roque y Algeciras.

Por lo que incumbe a Gibraltar, se puede reseñar que contó con varias cofradías. Hernández del Portillo en su libro Historia de Gibraltar (1610) ya cita las siguientes cofradías: Santa Vera-Cruz que tenía iglesia en la calle Real; Santísimo Sacramento, Nombre de Jesús y Ánimas del Pulgatorio que tenían su sede en la Iglesia Mayor; Limpia Concepción de Nuestra Señora, Soledad, Entierro y Sepulcro de Cristo que estaban en San Francisco. Aparte hay que contar con las diversas ermitas existintes, entre las que se encontraba una dedicada a Nuestra Señora del Rosario, porque, como dice Hernández del Portillo, “algunas de estas hermitas, ó las mas tienen cofradías con su ca­pillas”. Por su parte Ignacio López de Ayala en su libro Historia de Gibraltar (1782) al citar en el apartado de las ermitas y cofradías al autor anterior, escribe: “Asi habla Alonso Hernández del Portillo, i yo he creído debe conservar estas noticias no tanto por el común de los lectores, quanto por los ve­cinos de los tres pueblos, san Roque, Algeciras, i los Barrios, hijos ó descendientes de Gibraltar, que las miran con tanto aprecio por tocarles tan cerca, como con desden los que calificarán de menudencias”.

Así pues, como se advertirá posteriormente, el pueblo de Los Barrios mantendrá desde sus comienzos esa tradición re­ligiosa que muchos de sus vecinos habían vivido cuando eran vecinos de Gibraltar.

En los comienzos del pueblo de Los Barrios desempeñó una destacada importancia un oratorio o ermita que existía con anterioridad a la conquista de Gibraltar (1704) y que estaba bajo la advocación de San Isidro.

Sobre la fecha en la que se construyó dicha ermita poco se sabe en la actualidad. Macario Fariñas del Corral en su libro Tratado de las marinas desde Málaga a Cádiz (1664), cuando intenta situar en el Campo de Gibraltar la antigua man­sión mi1itar de los romanos conocida por Portus Albus, cita al lugar de Los Barrios, como uno de los tres sitios posibles junto al de la Venta de Malpica o la Alquería del Pedregoso, sin embargo, descarta a Los Barrios por ser lugar de pocos habitantes y no haber divisado restos de construcción antigua. Fariñas no hace ninguna referencia a la ermita de San Isidro, probablemente porque tel vez todavía no existía, pero en cambio da testimonio de la existencia de un asentamiento humano en fecha anterior a la pérdida de Gibraltar.

El cortijo sobre el que estaba edificada la ermita era conocido con el nombre de Tinoco, si bien, con poco éxito se intentó cambiar su nombre por el de el Señor San Isidro, tal vez en honor de la ermita recién construida. Había sido propiedad de D. Bartolomé de Escoto y Bohorques, natural de Gibraltar, que era Chantre y Canónigo de la Iglesia Catedral de Cá­diz y quien “desde que enpeso a labrar las casas de dicho Cor­tijo fue su intensión se dedicase a obra pia”. Una lápida, que gracias a mi interés se consiguió salvar del antiguo Cementerio de Los Barrios, podría estar relacionada con dicha ermita sobre todo al si tiene en cuenta la devoción que dicho canóni­go sintió hacia el culto del Santísimo Sacramento. En esa lápida está grabado el siguiente texto: ALABADO / SEA EL SAN / TISSIM0 SACRAMENTO / DE 1698. Así pues, esa podría ser la fecha de la construcción de la ermita, sobre todo si se tiene en cuenta la proximidad cronológica con el que parece primer inventario de la misma, que está fechado en 1702. Las razones que tuviera el [6//7] canónigo Escoto y Boborques para colocar la ermita, en el caso probable de que él hubiese ordenado su edificación, bajo la advocación de San Isidro se desconocen. Aunque de lo que se dijo al comienzo del informe, cuando se hablaba de San Isidro, se observa que compartía con el Santo su profunda veneración por el culto al Santísimo Sacramento. Por el testamento del menciona do canónigo (1701) se funda una Capellanía sobre parte del Cortijo, Capellanía que se verá incrementada a la totalidad del Cortijo por la Agregación que hacen a dicha capellanía sus le­gítimos herederos Dª Mariana de Mansanares y D. Juan Felipe García de Ariño por testamento fechado en l708.

Al año siguiente, D. Juan Felipe García de Ariño pa­sa a ser único poseedor trás la muerte de su prima Dª Mariana, igual que su tío, D. Bartolomé Escoto y Bohorques, D. Juan Felipe García de Ariño y Escoto era canónigo de la Iglesia Catedral de Cádiz. Tenía por costumbre pasar algunas temporadas en su Cortijo y Oratorio de San Isidro, por eso pudo observar las calamidades que estaban pasando los habitantes de Gibraltar que habían huído tras la conquista inglesa. Se conmueve y autoriza a que provisionalmente encuentren cobijo en sus tierras. Lo que inicialmente parecía una situación provisional pronto va perdiendo tal carácter hasta el punto de que en el año 1716 Los Barrios inicia su recorrido histórico como pueblo, hecho que se verá favorecido por la instauración de la ermita de San Isidro en Parroquia por decisión del Obispo de Cádiz D. Lorenzo Armengual de la Mota en su Visita General del año 1717 y por la orden del Ayuntamiento de San Roque por la que se obligaba a los antiguos moradores de Gibraltar que se encontraban dise­minados por su Campo, a que se pasasen a residir a alguno de los tres pueblos surgidos tras el desastre de Gibraltar. Los intentos del presbitero Antonio Rodríguez como responsable de la Capellania por impedir la construcción de nuevas casas y chozas lo más que consiguió fue que en 1724 se paralizara la obra de ampliación de la ermita que planeaban los vecinos, teniéndose que aceptar el mandato del Obispo de que la Iglesia [7//8] nueva se construyera separadamente de la ermita. Construcción que a lo largo de unos setenta años, conocerá distintas ampliaciones y mejoras hasta llegar, a finales del siglo XVIII a la estructura y fábrica que en la actualidad se conserva.

Resta por comentar la existencia de las distintas Cofradías religiosas habidas en el pueblo de Los Barrios desde sus comienzos.

En el Archivo Parroquial de la Iglesia de San Isidro de Los Barrios apenas quedan pequeñas referencias sobre las cofradías religiosas que en el pasado pudieran haber existido. En el Inventario realizado en l933, después de la destrucción y saqueo que sufrió la iglesia, citan la conservación de los documentos siguientes: Cuentas y comprobantes de la Hermandad de Ánimas (1858-1866), Libro de actas de la Hermandad de Ánimas (1881) y Libro, cuentas y documentos de la Hermandad de San Isidro. Algunos de esos documentos, incluso, ya no están tampo­co en el Archivo Parroquial.

El Archivo Histórico Diocesano de Cádiz, como ya se indicó al comienzo, podría aportar una interesante documentación sobre el particular a través de las actuaciones que se realizaron principalmente durante el mandato espiritual de los obispos D. Lorenzo Armengual y D. Tomás del Valle.

Cuando el Obispo de Cádiz D. Lorenzo Armengual de la Mota realiza, e1 24 de noviembre de 1717, su primera Visita Ge­neral al pueblo de Los Barrios, manifiesta haber examinado los libros de la Cofradía del Santísimo Sacramento y Cofradía de Ánimas, que son por tanto las cofradías que poseen e1 testimonio documental más antiguo. Con toda seguridad, una cronología tan temprana hace pensar que los primeros vecinos de Los Barrios habían sentido la necesidad de continuar con las tradiciones devotas que habían mantenido en Gibraltar, por cuanto di- [8//9] chas cofradías anteriormente gozaron en esa ciudad de un gran fervor religioso.

El hecho de que el obispo Armengual mencione sólo la existencia de ambas Cofradías no descarte la posibilidad de que, al menos incipientemente, hubiesen otras cofradías y hermandades. Era lógico que el Obispo, en su visita, se preocupara por aquellas cofradías que tenían cierta obligatoriedad canónica en las distintas iglesias católicas. Tal era el caso de la Cofradía del Santísimo, que tenía por misión la exaltación del culto al Santísimo Sacramento, así como determinadas atribuciones con respecto al cuidado y atención de las sepulturas y cementerios religiosos. Atribuciones, éstas últimas, que en parte se complementaban con las que correspondían a la otra cofradía citada, la Cofradía de Ánimas, que, además de fomentar el rezo por las almas de los fieles difuntos del Purgatorio, intentaba recoger donativos para socorrer y sufragar el enterramiento religioso de los necesitados.

Por otra parte, con posterioridad tampoco se cita de forma explícita en dicho Libro de Visita a cualquier otra cofradía o hermandad distinta de las dos citadas, a excepción de la recomendación que se hace en 1776 para que los eclesiásticos de Los Barrios constituyan una Hermandad de San Pedro que debería contribuir al perfeccionamiento de su sagrado ministsrio. Y sin embargo, por otros documentos del Archivo Parroquial tenemos constancia de otras cofradías y hermandades. Así, por el Libro de Inventarios, se tiene información sobre la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y sobre la Confraternidad de Nuestra Señora de la Soledad referente al siglo XVIII. Además, como ya se ha expuesto, el Inventario de 1933, recoge documentación sobre la Hermandad de San Isidro correspondiente a mediados del siglo XIX.

Efectivamente, con relación a la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, que junto con la Confraternidad de Nuestra Señora de la Soledad tuvo notables antecedentes en la ciudad de [9//10] Gibraltar, se sabe por el primer Libro de Inventario del Archivo Parroquial de Los Barrios que por orden del Visitador General del Obispado de Cádiz, con fecha de 1776, se incluye en dicho libro cuatro inventarios no recogidos con anterioridad: el de la antigua ermita de San Isidro, el de la Hermandad de Ánimas, el de la capilla de Martín Lozano y el de la Hermandad del Rosario. Por tanto, según dicho documento, al menos en 1776 estaba constituida en Los Barrios la Hermandad del Rosario. Por otra referencia, en el mismo Libro de Inventario aludido, fechada en 1793, se ve que la mencionada Hermandad del Rosario debió estar integrada principalmente por componente femenino que en determinadas fechas del año hacían procesión por algunas calles del pueblo rezando públicamente el Rosario. Estas calles, probablemente, formaban parte de un recorrido fijo que tradicionalmente se habría mante­nido invariable, quizá desde los comienzs del pueblo, hasta el punto de que ya e1 obispo Armengua1, en su primera visita a Los Barrios, en el año 17l7, ordena que se hagan procesiones de Letanía en los tiempos que tiene determinado la Iglesia “dirigiendo la Procesión por la misma parte que oy (sic.) va el Rosario, y volbiendo (sic.) a la Iglesia se cantará en ella, la Misa de Rogaciones”. Así pues, se desconoce en 1a actualidad la fecha exacta en que se constituyó la Hermandad o Cofradía del. Rosario en el pueblo de Los Barrios, pero al menos hay certeza histórica de que, con independencia de su existencia formal, desde los orige­nes del pueblo, se observa que los antiguos vecinos de Gibraltar continuaron, una vez más, con sus prácticas y tradiciones religiosas, entre las que se encontraba el rezo del Rosario por las calles de la villa y que en definitiva era la principal atribu­ción que luego tendrá la Hermandad del Rosario.

En lo que respecta a la Hermandad de San Isidro, tam­poco se conocs en la actualidad la fecha exacta de su fundación. Por las referencias que hay sobre la misma en el mencionado Inventario de 1933, hasta ese momento se había conservado en el Archivo de la Parroquia un Libro, cuentas y documentos de esa Her- [10//11] mandad y que en la actualidad tampoco se conserva en el Archivo Parroquial, quedando unicamente algunos de esos documentos en poder de la actual Hermandad de San Isidro y que he de reconocer que desconozco su contenido ya que hasta e1 momento nunca había sentido interés específico por dicho tema. De cualquier forma, según las referencias que poseo en la actualidad, la documentación existente sería de la segunda mitad del siglo XIX y comprendería principalment, las listas de los miembros de Hermandad en esa fecha. Al estar en poder de la propia Hermandad de San Isidro, quienes me solicitan este informe podrán completar o añadir aquellos datos de interés que, por desconociaiento de mi parte pudieran omitirse en este informe. No obstante, se puede añadir a lo dicho hasta el momento que esta asociación religiosa al menos debió constituirse con anterioridad a la segunda mitad del siglo XIX, porque en e1 antiguo Cementerio de Los Barrios ya en 1849 había una zona de nichos propiedad de la Hermandad de San Isidro según hacía constar e1 grabado realizado en un pequeño pilar de piedra, que junto con la lápida mencionada más adelante, se logró recuperar cuando su reciente demolición. El Archivo Mu­nicipal de Los Barrios tal vez podría aportar nuevos datos sobre este asunto de la propiedad de nichos por parte de la Hermandad que podrían contribuir a completar este modesto informe históri­co limitado y condicionado por las circunstancias expuestas al principio. En el Archivo Parroquial, por e1 contrario, salvo las referencias apuntadas no he encontrado ninguna otra que guarde relación explícita con la Hermandad de San Isidro.

Sin embargo es probable que, igual que se indicaba con la Hermandad del Rosario, la Hermandad de San Isidro, antes de tener una existencia histórica formal, se vió precedida con mucha antelación por una devoción popular y una práctica religiosa si­milar a la que luego se institucionaría a través de la asociación titulada.

Por otra parte, la Cofradía del Santísimo primaba en importancia sobre las restantes asociaciones re1igiosas de Los Barrios por varias razones, entre las que se pueden destacar las [11//12] que se citan a continuación. El posible fundador del oratorio de San Isidro, el canónigo de la Iglesia Catedral ds Cádiz D. Bartolomé de Escoto y Bohorques, ya sintió una profunda veneración por el culto al Santísimo. Su sobrino y también canónigo D. Juan Felipe García de Ariño y Escoto, verdadero promotor del pueblo de Los Barrios, al permitir el asentamiento de los antiguos mora­dores de Gibraltar en torno al mencionado oratorio de San Isidro, fue también un entusiasta defensor del culto al Santísimo y de la Cofradía homónima, a la que llegó a dotar con un caudal basado en las rentas producidas por su cortijo de Los Alamos. Por otra parte, desde 1720 hasta mediados del siglo XVIII, e1 indica­do caudal del Santísimo estuvo administrado por el presbítero D. Martín Lozano, quien junto con su hermana Dª María fueron grandes benefactores de la nueva Iglesia de San Isidro, la actual, iniciada en 1727 que se situaba en lugar separado del oratorio en cumplimiento del decreto del Obispado de Cádiz fechado en 1724 y por el que se prohibía que se construyera de forma adosada al oratorio, como pretendían los vecinos del pueblo. Aunque sólo fuese una coincidencia, tampoco convendría olvidar lo que se dijo sobre la vida de San Isidro y de como éste personalmente también había sido un gran devoto del culto al Santísimo, pa­ra cuyo cometido llegó a fundar una Cofradía del Santísimo en Madrid.

Por todo ello no sería difícil aceptar la hipotesis de la identificación, durante los primeros tiempos del pueblo de Los Barrios, entre la devoción al Santísimo y a San Isidro, hasta e1 punto de que mientras la Cofradía del Santísimo gozó de auge en dicha población sus habitantes integrándose en ella tuvieron cubierta gran parte de sus necisidades espirituales y sólo cuando a partir de finales del siglo XVIII comienza su de­clive, surge la necesidad de asociarse en torno a una nueva en­tidad, la Hermandad de San Isidro, que en algún modo tomaba el relevo en la tradición piadosa del pueblo de Loe Barrios aunque remozada a tenor de las nuevas necesidades. [12//13]

Por último, para finalizar este informe, paso a anali­zar la idoneidad de la propuesta de “inmemorial” que se intenta solicitar para la Hermandad de San Isidro Labrador y Nuestra Señora del Rosario.

La acepción más común del término “inmemorial” es la de “tan antiguo, que no hay memoria de cuando se inició”. En dicha acepción al no cuantificarse la antigüedad permite un uso coloquial en donde la expresión “desde tiempo inmemorial” con frecuencia no sobrepasa la cronología de varias generaciones.

Sin smbargo, también se suele utilizar el término “in­memorial” con una significaqión en donde lo cuantitativo parece estar sustituido por lo cualitativo; en tal sentido, se habla de lo “inmemorial” no sólo como algo remoto que se pierde en el recuerdo histórico, sino además como algo que manifiesta su dignidad y prestigio a través de esa lejanía temporal para su orígenes históricos.

De todo lo reseñado se puede sacar la consecuencia de que la propuesta de “inmemorial” que se pretende solicitar para la renovada Hermandad de San Isidro Labrador y Nuestra Señora del Rosario sólo podría ser aceptable si se toma en el sentido de1 uso coloquial antes apuntado por el que se vendría a señalar que su origen histórico se remonta a varias generaciones, o incluso algo más si se consideran como herederas de las que existieron en Gibraltar antes de la conquista por los ingleses, pero tiene menos rigor, si es pretende utilizar con la significación cualitativa de una supuesta dignidad y prestigio. Dignidad y prestigio que, siendo coherente con los valores sociales actuales, sería preferible, al menos en mi opinión, que más que venir dado por un título altisonante debería venir dado por el contenido cristiano que sepan darle sus componentes. Las mencionadas asociaciones religiosas, efectivamente tienen unos orígenes relativamente remo­tos si se tiene en cuenta la existencia reciente del pueblo de Los Barrios; mostrar esa lejanía temporal y el contexto en que se producen ha sido la intención de este informe. Si con ello he contribuido a que se puedan valorar y conocer mejor esas asociaciones tradicio- [13//14] nales, me daría por satisfecho. Pero si pon el contrario no con­cuerda con las intenciones que pudiera tenerse en la Hermandad, lamento sinceramente que la objetividad histórica no pueda modificarse según las motivaciones particulares.

Informe dado en Málaga a treinta de junio de mil novecientos ochenta y ocho.- fdo. Manuel Álvarez Vázquez.- Licenciado en Filosofía y Letras

Anotación adicional: Con posterioridad a la elaboración del anterior informe, revisando unas breves anotaciones que hice hace algún tiempo en el Archivo Histórico Diocesano de Cádiz, he podido comprobar que entre los papeles del despacho del gobierno de la población de Los Barrios durante el obispado de D. Tomás del Valle, se encuentra una rendi­ción de cuentas de las Cofradías de Nª Sra. del Rosario, Ánimas, Santísimo y Soledad, correspondiente a una visita realizada en al año 1732, lo cual prueba la existencia di la Hermandad del Rosario en dicha fecha.

Por otra parte, en una reciente visita al Archivo Parroquial de la Iglesia de San Isidro de Los Barrios, he tenido la oportunidad de leer el Libro de Cuentas de la Hermandad de San Isidro, da 1849 a 1894, que hasta ese momento me había pasado como inadvertido y del que recojo la siguiente cita de su encabezamiento: “Cuentas de Cargo y Data que forma el tesorero de la Hermandad de San San Isidro comprehensivas desde su creación que fue en 8 de abril de 1849 hasta fin de Diciembre del mismo, que con claridad debida es como sigue...” [14//15] fecha de creación de la mencionada Hermandad que será ratificada en la Visita obispal del año l858 en la que queda reflejada la revisión de dicho Libro de Cuentas “desde el ocho de abril de 1849 en que se constituyó”. Por lo tanto, al menos para esta Hermandad, la fecha creación queda fijada de forma concreta.

Como resultado da lo anterior, debo manifestar que la opinión personal expresada en el informe antecedente sobre lo inadecuado de la atribución de inmemorial, no sólo se mantiene sino que se refuerza en lo concerniente a la Hermandad de San Isidro, cuyos orígenes aquí se han recuperedo para “memoria”. Confío en que algún día ocurra lo mismo con respecto a la Cofradía del Rosa­rio, que también en esta Anotación Adicional ha visto concretarse algo más su aparición histórica.

Anotación Adicional, escrita y añadida en Los Barrios a veinticinco de agosto de mil novecientos ochenta y ocho.- Fdo. Manuel Álvarez Vázquez.

Segunda anotación adicional: Nuevas consultas en el Archivo Parroquial de Los Barrios han venido a confirmar algunas de las formulaciones mantenidas en el informe anteriro. Efectivamente, revisando el Libro de Entierros desde 1717-1720, así como las partidas da defunciones comprendidas entre 1704-1715, que conjuntamente con las de bautismo y casamiento fueron mandadas recopilar por el obispo Don Lorenzo Armengual da la Mota al Cura propio de la Iglesia de San Isidro Don Pedro de Rossas [15//16] Placencia a partir de unos cuaderno a sueltos en que se encontraban, he podido encontrar testimonio de 1a existencia de la Cofradía del Rosario allá por el año 1720, gracias a una partida de defunción cuya transcripcíón es la que sigue:

“En dies dias del mes de mayo de mill setezientos, y veinte años / murio en este sitio de los Barrios Campo de la Ciudad de Gibraltar / María Gutierrez natural de la Villa de Ximena, y vezina deste / sitio viuda de Juan de los Reies de edad de setenta años, aviendo / antes recivido los Santos Sacramentos no testo por no tenar de que / fue enterrada en el Sementerio desta Parrochia de Señor San / Ysidro Labrador el dia onze de dicho mes y año con oficio de me- / dias honrras que le hizo la Cofradía del Santísimo Rossario/ de que era hermana. Y lo firme de que doi fe.- Don Pedro de Roseas Placencia”

Segunda Anotación Adicional, escrita y añadida en Los Barrios a once de septiembre de mil novecientos ochenta y ocho.- Fdo. Manuel Alvarez Vazquez.



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