El Reportaje / Manuel Álvarez Vázquez

5/18/2010

San Isidro y su Romería

De todas las fiestas y festejos del municipio de Los Barrios, dos destacan sobre las demás: la Feria y la Romería. Ambas se vinculan a la festividad de San Isidro Labrador, que ostenta tradicionalmente el patronazgo religioso de la Villa. Tanto de una, como de otra, me he ocupado en anteriores ocasiones. Aquí, a petición del editor, lo haré sólo de la Romería.

Manuel Álvarez Vázquez | Cronista Oficial de la Villa de Los Barrios

Cualquiera que haya asistido en los últimos años a la Romería de San Isidro Labrador en la población campogibraltareña de Los Barrios, sin exageración, ni la menor duda, conoce la gran aglomeración de personas, congregadas durante un par de días, alrededor de la imagen del Santo en su provisional ubicación campestre. Para valorar la dimensión histórica de esa concentración humana, que ha merecido la categoría de Fiesta de Interés Turístico por la Junta de Andalucía (2008), conviene traer a colación la situación inicial de esa imagen, recordando que la Romería se inicia en 1964, pero la devoción local hacia San Isidro arranca hacia 1698.

Los cálculos demográficos de los historiadores dedicados al tema proponen que, al final del siglo XVII, la ciudad de Cádiz tenía alrededor de 30.000 habitantes, la ciudad de Gibraltar entre 4.000 y 5.000 habitantes, mientras que Los Barrios, tan sólo era una pequeña aldea o núcleo rural, que quizá no tenía ni 100 habitantes. En esa época, el gibraltareño Bartolomé de Escoto y Bohórquez, canónigo y chantre de la catedral de Cádiz, amplió el cortijo que Alonso Pérez Tinoco y Leonor de las Casas y Mesa (1637) dejó en manos de su sobrino Juan Tinoco de Figueroa y de la Umbría, agregando al mismo la superficie del lugar lindante, que en su día fue alcaría de “dos Barrios”. Es entonces, cuando el chantre decide edificar un nuevo caserío, erigiendo en él, hacía 1698, un oratorio privado, cuyo retablo de madera tenía dos hornacinas, una alta y otra debajo, destinadas a las imágenes de San Isidro Labrador y Nuestra Señora de la Concepción. Poco podía imaginar don Bartolomé, que pasado unos años esa imagen de San Isidro se identificaría con una nueva población, denominada como la antigua aldea: Los Barrios. Ni tampoco imaginaba que, un día lejano, congregaría alrededor de ella tanta gente, hasta superar los habitantes que entonces tenían las ciudades de Cádiz y Gibraltar, con la aldea de Los Barrios.

Pero don Bartolomé, falleció un par de años después de iniciado su proyecto, sin ver concluida la obra del oratorio, que pensó poner bajo la advocación de San Isidro. En efecto, al morir en 1700, el retablo aún tenía su color natural de madera, igual que la propia imagen de San Isidro, que tenía su madera sin policromar. Por eso, debió concluir su proyectada obra, un sobrino suyo, Juan Felipe García de Ariño y Escoto, quien le sucedió al frente del cortijo de Los Barrios (ya entonces denominado cortijo de Tinoco) y además en el cargo de chantre, igual que el propio don Bartolomé sucedió a sus parientes Antonio Álvarez de Bohórquez, y éste a Bartolomé de Amaya y Bohórquez, como si la dignidad catedralicia fuese propiedad familiar.

Y quiso la providencia divina, o más bien la fatalidad del destino bajo forma de una poderosa flota naval anglo-holandesa, que un día, 4 de agosto de 1704, rendida la ciudad de Gibraltar y sometido el Peñón por las armas, aquella nueva población barreña que comenzó a formarse tras la llegada de exiliados gibraltareños, buscando refugio junto a la ermita y cerca de las chozas ya existes, tomase como algo propio la imagen del Santo venerado en la ermita, celebrando con alegría y gratitud su festividad anual, pues el terreno donde se trazó las primeras viviendas y calles de aquella nueva población de Los Barrios, pertenecía a la propia ermita, o más bien a la capellanía de misas que se había fundado (1701), para garantizar que allí la devoción a San Isidro no fuese algo perecedero, sino sostenible en el tiempo.

Desde aquel momento, la imagen de San Isidro, que muy pronto se embelleció con pintura policromada, se convirtió en testigo mudo de numerosas adhesiones de aquel vecindario barreño, aunque esa devoción al Santo no tuvo la suficiente fuerza para que la nueva población se llamase San Isidro, como había sugerido el obispo Armengual de la Mota (1717). Tampoco a lo largo de la Historia Local, faltó algún penoso día en que, desde la más injustificada intolerancia (1931), alguien intentó su destrucción, para acabar con su simbolismo religioso en Los Barrios. Afortunadamente las heridas, tarde o temprano, pueden cicatrizar y entonces la alegría y ganas de vivir recobra su adecuado lugar en la vida comunitaria, incitando a la celebración festiva. Por eso, retomo aquí el relato histórico-festivo que ha tenido la Romería de San Isidro.

Fue el párroco José Vizo Méndez, tras conocer por la documentación del Archivo Parroquial que en Los Barrios había existido una Hermandad de San Isidro Labrador, fundada el 8 de abril de 1849, quien decidió no sólo su refundación, sino también celebrar una Romería en su nombre, el domingo anterior a la Feria anual que también se celebraba tradicionalmente coincidiendo con el día de su festividad religiosa. Para ello convenció a una serie de personas, entre los que estaban Silvia Larios, Francisco González, José Domínguez, Gabriel Fernández, Manolo Mateos...

La primera Romería se realizó en 1964, siendo su destino el Monte de la Torre, propiedad de las hermanas Isabel y Silvia Larios. A la imagen de San Isidro, sobre una carreta conducida por una yunta de bueyes, la acompañaron numerosos caballistas y vecinos del pueblo. En dicho lugar se celebró misa en un altar improvisado y luego se realizaron actos lúdicos como carreras de cintas a caballo y carreras de saco. Al atardecer, tras una inolvidable jornada, retornó a la Villa.

Los dos siguientes años se celebró la Romería de San Isidro también en el mencionado Monte de la Torre. Pero, en 1967, debido al deterioro que se ocasionó en el pasto, arbolado y alambradas de dicho lugar y, sobre todo, por el estado ruinoso en el que se encontraba el antiguo Puente Grande, se trasladó al Pimpollar, propiedad de los Hermanos Domínguez, donde permaneció como destino de la Romería otros dos años más, deteriorando asimismo el estado de la finca. Ante las dificultades surgidas para conseguir que otro propietario cediera de forma estable su finca para celebrar la Romería, a causa del perjuicio ocasionado por la creciente aglomeración de persona que cada año acudían, se pensó realizarla en algún descansadero de las antiguas cañadas del término municipal, que como lugar público ofrecía menores inconvenientes. Así, en 1970, se llevó al Descansadero de las Majadillas y los dos años siguientes, 1971-1972, aprovechando que ya se había construido el nuevo Puente Grande, se condujo al descansadero de Matavaca, cercano al lugar original del Monte de la Torre, sobre el que tan buenos recuerdos se tenía.

Sin embargo, durante los tres años siguientes, 1973-1975, el destino de la Romería volvió al Descansadero de las Majadillas, y desde esa fecha hay un continuo cambio anual al Cancho de Benarás, carril del Charco Redondo, Descansadero de Los Molinos. Hasta que, en 1979, una vez más fue al Cancho de Benarás, propiedad de los Hermanos Domínguez, donde se siguió llevando la imagen del Santo en Romería durante los años sucesivos. Cuando ya parecía hallado el ansiado lugar estable para celebrar la Romería, en 1986, se tuvo que buscar un nuevo destino por la carretera del Pantano del Charco Redondo y los dos años siguientes, 1987-1988, en la cercanías del Molino de Muñoz, junto al arroyo del Raudal.

Por fin, en 1989, tras tantos cambios se eligió, como lugar de la Romería, el Descansadero de La Montera del Torero, que por las facilidades y ventajas que ofrecía no sólo se convirtió en el destino más estable de cuantos ha tenido, sino que permitió que el traslado de la imagen de San Isidro diese comienzo el sábado, permaneciendo allí hasta el domingo, lo que en definitiva daría mayor importancia y concurrencia a la citada Romería, cuyo auge y permanencia en el futuro parece estar plenamente garantizados, debido a ser un lugar, público y a la excelente coordinación para garantizar cada año la seguridad de las numerosas personas que acuden, así como evitar el posible deterioro del medio natural donde se realiza. Sólo resta por garantizar y proteger la propia imagen de San Isidro, patrimonio histórico y cultural de Los Barrios, más allá de las creencias religiosas. Bastaría para ello, que si no la proyectada y ambiciosa ermita, al menos algún tipo de edificación le sirva de refugio frente a la lluvia imprevista que pueda sobrevenir el fin de semana que allí permanezca en el campo. Para finalizar, esta noticia histórica de la Romería resta decir, que siendo el domingo anterior a la Feria molesto para su celebración, pronto se trasladó al último domingo de abril, y al coincidir éste con las numerosas motos que acudían al Circuito de Jerez, se decidió variar su celebración, evitando tal coincidencia.



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